21 Agosto 2026

25 años de Medicina | Traumatólogo, investigador y docente: el médico UNAB que regresó a formar a la siguiente generación

Diego Martínez egresó de Medicina en la UNAB en 2022 y hoy es traumatólogo en el Hospital del Trabajador, investigador clínico y docente de pregrado en su propia escuela de origen.

Cuando Diego Martínez llegó al Hospital del Trabajador de Santiago como interno, no sabía que ese lugar iba a definir su vida. Lo que vio adentro, el ritmo quirúrgico, el volumen de casos y la forma en que trabajaban los especialistas, le generó algo difícil de ignorar: la certeza de que quería formarse ahí.

Egresado de Medicina en la Universidad Andrés Bello en 2022, desde el campus República, hoy es traumatólogo en ese mismo hospital, investigador clínico activo y docente de pregrado en su propia escuela de origen.

Lo que hay entre ese internado y el presente es una historia de esfuerzo, decisiones poco lineales y algunos aprendizajes que no estaban donde uno esperaría encontrarlos. A 25 años de la carrera de Medicina UNAB, el Dr. Martínez cuenta cómo se construye una trayectoria desde adentro.

¿A qué se dedica hoy y en qué contexto ejerce?

Soy traumatólogo, también egresado de la UNAB. Trabajo en el servicio de urgencias del Hospital del Trabajador de Santiago, que es un centro de trauma de tercera complejidad y el de mayor volumen del país, atendiendo pacientes afectados por accidentes laborales, de trayecto y enfermedades profesionales. Además, ejerzo en Clínica Bupa y Clínica Red Salud de Providencia. En paralelo realizo investigación clínica con el equipo del Hospital del Trabajador, teniendo la oportunidad de realizar presentaciones en congresos nacionales e internacionales y publicaciones en distintas revistas. Adicionalmente, realiuzo docencia en pregrado en la Escuela de Medicina UNAB Santiago en el área de traumatología.

¿Hubo un momento durante su formación en la UNAB que haya definido el rumbo de su carrera?

No diría que fue un momento específico, sino el desarrollo del día a día, sobre todo en la práctica clínica y con muchos docentes que fueron explicando la importancia de ciertas cosas. En mi caso tomé un perfil bastante clínico, pero también de investigación. Puedo agregar que, en parte, la universidad fomentó este interés con los cursos de pregrado de investigación clínica. No era el ramo más exigente ni al que uno le dedicaba más horas, pero los profesores hicieron muy buen trabajo en transmitir su importancia y cómo podía impactar más adelante.

A mí me generaron esa curiosidad, y hoy lo aplico mucho, creo que es importante buscar mejores alternativas para nuestros pacientes nos invita a mantenernos actualizados. Desde la perspectiva clínica, al rotar en internados fui eligiendo una especialidad quirúrgica, me gustaba la idea de que mi acción (quirurgica) impactara en el tratamiento y pronostico de mis pacientes. Destaco especialmente un internado electivo que hice en el Hospital del Trabajador. Me fascinó la cantidad y el tipo de cirugías, el día a día como especialista y el ambiente entre colegas y docentes. Eso me generó las ganas de formarme ahí, que fue finalmente lo que hice.

¿Qué le entregó la formación en la UNAB más allá de los contenidos académicos?

Destacaría la calidad docente y humana de los profesores. Sobre todo, en las actividades clínicas, que eran más cercanas y en grupos reducidos, tuve la suerte de contar con docentes que se dieron el tiempo de transmitir, tanto con el ejemplo como con su dedicación, los valores de la profesión: lo gratificante y lo demandante que es ser médico, y lo que eso significa para el paciente que uno atiende.

¿Cuál ha sido el hito profesional que más lo ha marcado desde que egresó?

Definitivamente entrar al Hospital del Trabajador como centro formador para mi especialización. Fue el hito más grande hasta ahora, por muchas razones. Como logro personal, implicó mucho esfuerzo y trabajo para ser seleccionado en ese centro, que hoy es muy competido. Además, me entregó herramientas, habilidades, colegas, profesores y amigos increíbles. Creo que, durante los 3 años, es tanta la cantidad de oportunidades que uno no logra aprovechar todo, teniendo que priorizar e invitándome a seguir aprendiendo y tomando experiencia actualmente. Ese paso fue tanto un salto formativo como profesional.

¿Qué cree que ha cambiado en la medicina chilena desde que egresó y hacia dónde va?

El perfil del médico egresado está cambiando hacia una orientación más temprana a la especialidad, y la UNAB no está al margen de eso: la carrera hoy dura seis años. Esto se debe a múltiples variables: más oportunidades de especialización, mayor cantidad de médicos y más demanda de atención especializada. Lo importante es que en esa orientación no se descuide la base. Especializarse más pronto exige una formación general muy sólida, porque las patologías básicas siguen siendo las mas prevalente y el médico tiene que estar preparado para enfrentarlas antes de avanzar hacia la subespecialidad.

¿Qué le diría a un estudiante de Medicina UNAB que hoy está donde usted estuvo?

Que confíe en su casa de estudio. Es un buen lugar que entrega muchas herramientas, pero depende de uno como estudiante cuánto las aprovecha. Que sean integrales, que no olviden que hay que formarse también como personas y como colegas. Aprovechen todas las oportunidades disponibles y recuerden la importancia del trabajo en equipo para que el día que tengan un paciente al frente estén seguros de lo que van a indicar o derivar. No tengan ansiedad por la incertidumbre de elegir especialidad o enfrentar concursos: cada camino tiene su propio tiempo. Si se esfuerzan y siguen su rumbo con tranquilidad, tienen todo para ser buenos profesionales.