10 Agosto 2026

25 años de Medicina | La médica EDF que dejó Valdivia, apostó por Concepción y terminó salvando vidas en Salamanca

La Dra. Claudia Letelier egresó de Medicina en la sede Concepción de la UNAB en 2022 y hoy es médica EDF y jefa de urgencia en el Hospital de Salamanca, en la Región de Coquimbo.

Claudia Letelier Lazo es de Valdivia, estudió en Concepción y ejerce en Salamanca. Tres ciudades que no parecen tener nada en común, pero que trazan con precisión el recorrido de una médica que tomó decisiones poco convencionales desde el principio. Cuando tuvo que elegir dónde estudiar Medicina, apostó por la sede Concepción de la Universidad Andrés Bello, que ese mismo año abría la carrera. El argumento era simple: menos alumnos, más contacto con pacientes, una formación más dirigida. Egresó en 2022 y desde entonces no ha parado.

El programa EDF, Etapa de Destinación y Formación, es el sistema mediante el cual médicos recién egresados trabajan en postas, centros de salud familiar u hospitales comunitarios de difícil acceso a cambio de, tras un período definido de servicio, acceder a una beca de especialidad. Es, en la práctica, la primera línea de la medicina pública chilena en los territorios más alejados. Letelier postuló al concurso CONISS sin conocer Salamanca, sin saber lo grande que era la Región de Coquimbo y sin tener certeza de lo que iba a encontrar. Lo que encontró fue un valle de viñas rodeado de localidades rurales, a tres o cuatro horas de los centros de mayor resolución, con pacientes que van desde un resfrío hasta un shock séptico, y con el Chagas como patología prevalente en la población.

Hoy, con apenas tres años de ejercicio, Letelier ya es jefa de urgencia del hospital. Ha trasladado en el SAMU a un neonato grave durante cuatro horas, ha instalado un tubo pleural a las tres de la madrugada y ha intuido a un niño en estatus epiléptico antes de enviarlo a cuatro horas de distancia. Casos que, según ella misma, todavía la persiguen en los turnos de noche. A 25 años de la creación de la carrera de Medicina de la Universidad Andrés Bello, conversamos con ella sobre lo que significa hacer medicina pública en regiones cuando se acaba de egresar.

– ¿Por qué eligió estudiar en la sede Concepción de la UNAB?

Soy de Valdivia y no quería irme a Santiago. Supe que Concepción había abierto la carrera justo ese año y mi mamá me la recomendó porque seríamos menos alumnos, lo que significaría tener más oportunidades para ver pacientes y una educación más dirigida. Eso me convenció.

– ¿Qué es el programa EDF y cómo llegó al Hospital de Salamanca?

Lo que antes se conocía como médicos generales de zona: somos médicos recién egresados que trabajamos en postas, cesfam u hospitales comunitarios de difícil acceso y, después de cierto número de años, accedemos a una beca de especialidad. En cuanto al hospital, no era mi primera opción. De la Región de Coquimbo solo conocía La Serena y no sabía lo grande que era como región hasta que llegué. Pero siempre fue mi sueño ser médica EDF de hospital, así que cuando me salió la oportunidad en el concurso CONISS me la jugué sin conocer el ambiente ni la ciudad. Fue una decisión deliberada, pero al pasar los años siento que también fue el destino.

– ¿Cómo es Salamanca como territorio y qué tipo de pacientes atiende?

Es un pueblo pequeño, con mucho valle y muchas localidades cercanas, rodeado de viñas, pero muy alejado de los centros de mayor resolución, a veces a tres o cuatro horas. En el hospital vemos de todo: policlínico, hospitalizados y turnos. Pacientes pediátricos, adultos, ginecobstétricos y geriátricos, con patologías que van desde un resfrío hasta shock séptico, arritmias, insuficiencia respiratoria grave y politraumas. Además, en esta región el Chagas es una patología prevalente, con todas sus complicaciones asociadas.

– ¿Cuál ha sido la situación que más la ha puesto a prueba desde que llegó?

Tengo tres casos que me dejaron marcada. El primero fue en mi primer año: un neonato con un día de vida corregida con VRS grave, sin vacuna disponible ese año, que tuve que trasladar en el SAMU durante cuatro horas hasta Coquimbo. Fue el traslado más angustiante de mi vida. El segundo fue un neumotórax abierto por herida de arma blanca al que tuvimos que instalarle un tubo pleural a las tres de la madrugada. Y el último fue este año: un niño sano en estatus epiléptico que no cedía con primera ni segunda línea de tratamiento y tuvimos que intubar y trasladar a cuatro horas de aquí. Todos esos casos me persiguen en los turnos de noche. Lo importante es que todos están vivos y bien.

– ¿Qué recuerdo de sus años en la UNAB influye en cómo ejerce hoy?

La universidad nos dio la oportunidad de rotar con muchos médicos EDF. Ahora, cuando estoy trabajando, hay días en que me acuerdo de esos buenos momentos y los añoro mucho. Fue una formación que me mostró de cerca lo que iba a ser mi vida profesional antes de que realmente comenzara.

– ¿Qué significa para usted representar a una generación de egresadas que hace medicina pública en regiones?

Soy fiel partidaria del sistema público y espero que cuando sea especialista pueda seguir ejerciendo en él. Pero siento que lo público está al debe en recursos y disponibilidad de procedimientos, algo que no ocurre en el privado. Espero que en los próximos años podamos seguir avanzando en eso. El sistema necesita más médicos en los territorios, pero también tiene que darles las condiciones para quedarse.

– ¿Qué mensaje le daría a los nuevos médicos UNAB que quieren seguir un camino similar al suyo?

Mucho ánimo: hay días duros por lo lejos que uno puede estar de los centros de resolución, pero es algo que volvería a elegir. Me siento muy orgullosa de lo que hago.