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En cifras la U. Andrés Bello construyó 511 mediaguas a un ritmo de una cada 36 horas. En total cerca de 1.700 voluntarios participaron del proceso que culminó este domingo 16 de mayo en las zonas más afectadas tras el terremoto. Las lecciones aprendidas en este proceso solidario serían parte de un encuentro en septiembre en el que los alumnos contarán sus vivencias trabajando en la reconstrucción del país.

solidarios 2El saldo es positivo por donde se le mire. Desde el punto de vista material se aportaron 511 viviendas de emergencia a familias de las regiones del Maule y del Biobío, construidas en los tres viajes que la U. Andrés Bello realizó a la zona de la catástrofe. Una solución frente al invierno que se avecina para cientos de familias que lo perdieron todo.
Pero los beneficios también son internos. “Los alumnos nunca olvidarán esta experiencia, les cambió la visión que tenían del país”, dice Francisco Santa María, director de la DEU de Viña del Mar de la UNAB y coordinador en terreno de las iniciativas de nuestra casa de estudio frente al desastre.
A su juicio, hoy “podemos decir misión cumplida” respecto del trabajo desplegado en las distintas localidades afectadas. “La lección más grande, como Universidad, es que se trabajó bajo el matiz de la emergencia, la improvisación, que se presta para errores. Pese a ello fuimos capaces de sobrellevarlo y los alumnos lo entendieron. El voluntario no fue sólo el estudiante fue la Universidad completa, desde el rector, decanos, directores de carreras, profesores, funcionarios; todos pusieron algo en esta gran labor. Por ello valoro mucho el esfuerzo de todos y obviamente los número 1 son los alumnos”, reflexiona.

surLo que viene es continuar ayudando a los damnificados desde distintas áreas como en temas de atención psicológica, de asistencia social, apoyando con profesionales de la salud. Por esta razón es que Santa María cuenta que “intentaremos proyectar los trabajos voluntarios de invierno hacia el sur”.
Por otro lado cree que “la gente de Un Techo para Chile está realmente agradecida con la UNAB. Por el trato que tuvimos hacia ellos, por la forma en que planteamos nuestro trabajo poniendo coordinadores DEU a cargo de los alumnos, que hicieran de intermediarios entre las partes. La UNAB aportó con mucho más que un grano de arena”.
Todas estas vivencias y este aprendizaje serían canalizados para un seminario que se realizaría en septiembre de este año para “rescatar las experiencias vividas y sacar lecciones de todo lo que se hizo luego del terremoto. Lo estamos evaluando”, cuenta.

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