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Felipe Hurtado, Periodista UNAB, y Subeditor de Deportes de La Tercera, realizó una columna de opinión sobre el triunfo de la selección nacional de fútbol en la Copa América Centenario. Revisa lo que comentó sobre el triunfo histórico.

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Estaba el título en juego; daba lo mismo si era el oficial o no. Tampoco que al frente estuviera el equipo que más problemas le pone -históricamente- a Chile y el que llegaba a la final con rendimiento perfecto, incluida una victoria sobre la Roja.

Para vencer a Argentina se tenía que meter y meter, no quedaba de otra. La caída en el debut era un espejo del que aprender y la Selección lo entendió así. Eso hizo que la presión en medioterreno estuviera la clave. Se trastabilló, pero se logró terminar a pie firme. Banega no tuvo el protagonismo de otros días, Di María no complicó como se temía y a Messi se le redujo a tímidos flashazos, flashazos que siempre se viven con el estómago en la mano.

Todo pudo irse al basurero con el error de Medel que Higuaín no supo definir o la apresurada roja a Díaz, que volvió locos a los nacionales por un rato. El pobre arbitraje equipararía los números.

En la entrega de Vidal y Aránguiz, a la que de a poco se iría sumando el resto sin excepciones, se erigió la forma de sacar adelante una tarea difícil, hasta ahí reducido a pelotazos sin destino y a espacios que escaseaban para el ataque de los rojos.

Los ánimos se fueron calmado y el partido se hizo más cerebral que de choque. Chile se ordenó en la cancha y comenzó a maquinar su asalto.

No abundaron las ocasiones -que las hubo-, sí el trabajo colectivo que lo hace parecer un club -condición que algunos creían perdida. Se redujo el margen de error, hizo notar su condición física hasta que ya no pudo más y, sobre todo, ganó en convencimiento; el convencimiento de que, con una, bastaba. Y no claudicaría en pos de conseguirla.

Cualquiera fuese la corona que en disputa, los de Pizzi no pensaban entregarla. Y, si les tocaba perderla, iban a tener exigirse al máximo para quitársela. Las dudas del arranque del torneo, individuales y generales, se enterraron.

Las circunstancias han convertido a Argentina en el adversario de la Roja en sus grandes ocasiones, la prueba mayor rumbo a la gloria.

Lo mismo corre para los transandinos, que en su afán de cortar la sequía que los persigue hace 23 años, se reencontraron con el Chile más enconado de todos los tiempos, uno al que la albiceleste ya no le produce tiritones, sino todo lo contrario; le inyecta fuerza y ansias de epopeya.

Así se levantan dos títulos continentales en menos de un año. No hay otra manera. Que nunca lo olviden.

 

 

 

Felipe Hurtado Henríquez 
Periodista UNAB
Subeditor Deportes La Tercera
Coautor de Abriendo Ruta, la biografía de Carlo de Gavardo.

 

 

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