“Como Rector pondré la misma energía que utilizaba para salvar la vida de un enfermo en el pabellón”

Escrito por mjorda

11 marzo, 2011

 El Dr. Pedro Uribe da su primera entrevista luego de que la junta directiva anunciará que sería el próximo Rector de la Universidad Andrés Bello. Su balance como Decano de la Facultad de Medicina, su nuevo desafío como máxima autoridad de nuestra casa de estudios, su lado humano y su adiós a la cirugía son algunas de los pasajes de esta conversación.

Impecablemente vestido, sereno y con un hablar pausado, el doctor Pedro Uribe Jackson ofrece su primera entrevista luego de que la Junta Directa de la UNAB, anunciará que sería el próximo rector de la U. Andrés Bello, desde su oficina de decano de la Facultad de Medicina, ya que a fines de marzo asumirá oficialmente su nuevo cargo.

Hace siete años que llegó a la UNAB como decano de la entonces Facultad de Ciencias de la Salud y hoy, este porteño de 64 años, ya se prepara para asumir un nuevo desafío que involucrará un cambio de vida. Reconoce que toma decisiones drásticas, que es apasionado para enfrentar sus metas y que tiene todo el apoyo de su familia en este nuevo desafío que asumirá. Esta es la visión del nuevo Rector de la Universidad Andrés Bello.

– ¿Qué evaluación hace de estos siete años a la cabeza de la entonces Facultad de Ciencias de la Salud y la Facultad de Medicina?

Ha sido un proceso interesante que ha llevado a la consolidación del área de la salud con cuatro facultades. Hoy se puede decir que Salud es un proyecto consagrado en la Universidad Andrés Bello. En el 2003, las carreras estaban en desarrollo, no teníamos egresado e iniciamos con pocos alumnos las prácticas clínicas en algunas instituciones y contábamos con convenios laxos o inexistentes. Hoy tenemos muchos profesionales trabajando. Es enriquecedor darse cuenta como médico o en mi calidad de decano, de la preferencia y satisfacción que los empleadores tienen del área de la salud por nuestros profesionales.

– ¿Cómo describiría ese avance?

En el 2003 en el área de la salud teníamos alrededor de 4 mil alumnos y hoy bordeamos los 12 mil. Es un área tremendamente fuerte que, incluso, tuvimos que detener el crecimiento para proteger las prácticas clínicas efectivas y nos concentramos en la apertura de nuevas carreras en sedes como Viña del Mar, que cuenta con un prestigio interesante, y Concepción donde queremos consolidarnos. Respecto de los postítulos, también hemos trabajado muy responsablemente.

Propusimos concentrarnos en Medicina en desarrollar un pregrado de calidad, que fuese la plataforma para ir construyendo las especializaciones futuras. Por eso hoy sólo tenemos tres postítulos, uno en psiquiatría, otro en ortopedia y en ginecología-obstetricia, pero tenemos en carpeta otros. Acorde a las necesidades del país queremos entregar anestesistas de alta calificación, abriremos un centro de oftalmología y tenemos algunos otros proyectos.

– ¿Con respecto a los convenios internacionales para la Facultad de Medicina?

Ha sido un gran paso. Hemos querido vincularnos con algunas entidades fuertes en el extranjero que permitan a nuestros alumnos contacto con una realidad médica diferente. Esto puede ser motivado por experiencias personales, ya que me formé en mi especialidad en el extranjero y fue un periodo de la vida importante y determinante, porque uno rompe los mitos de cómo se trabaja en las catedrales del mundo y porque es una experiencia de vida fantástica.

Hemos tenido la fortuna de asociarnos con prestigiosas entidades como la Pritzker School of Medicine de la U. de Chicago, también tenemos un intercambio activo con la U. de Columbia y hemos tenido intercambio con la U. de Monterrey (México). Logramos abrir los caminos en la salud pública asociándonos a Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. Todas estas cosas se han logrado estos siete años y han sido conseguidas con esfuerzo, persistencia y una cuota de fortuna. El nombre de las UNAB es apreciado porque tenemos una producción científica de alto impacto.

El gran desafío

– ¿Cómo se sintió cuando le anunciaron que se convertiría en el nuevo Rector de la Universidad Andrés Bello?

Muchos me han preguntado si me siento eufórico, alegre, y la verdad es que me siento tranquilo. Sé que es una gran responsabilidad pero la asumo con tranquilidad porque pondré la misma energía que utilizaba para salvar la vida de un enfermo del pabellón, a veces tras 18 horas o más horas de dura lucha.

– ¿Cuáles son los desafíos que espera en este nuevo cargo?

– Primero hay que trabajar con el Rector en este periodo de interfase para que sea una continuidad y no percibirlo como un quiebre. Evidentemente habrán cambios pero en esa la línea de continuidad. Quiero llevar a cabo un liderazgo que se base en la confianza de las personas y para lograrlo debe haber un contacto muy estrecho. La única forma de que las personas sientan que estamos atendiendo sus necesidades y desarrollo es conversar con ellos con frecuencia.

Nuestra misión será elevar aún más el prestigio de la universidad y llevarla a la máxima visibilidad y para ello tenemos que estar en los grandes temas país. Me gustaría ver a todos nuestros académicos opinando en lo que se refiere a educación, carreras, etc. Como decano me he formado la idea de que los más importantes son los “héroes anónimos”, nuestros directores de carrera quienes tienen la camiseta muy bien puesta. Han logrado sacar proyectos contra viento y marea. Desde la Rectoría debo ver cómo puedo apoyarlos.

– ¿Cómo espera lograr ese objetivo?

Pienso en un trabajo de equipo con las líneas académicas de la Universidad y liderar el proyecto siendo partícipe en cada una de las decisiones, pero en consenso con la gente que participarán en ellos. Seré un peón de esta organización, visible con dedicación cien por ciento y viendo cómo cumplimos las metas en el futuro.

– ¿Su interés en el área académica de dónde proviene?

Presencié cómo en el living de mi casa se forjó la Escuela de Medicina de la U. de Chile con sede en Valparaíso. Crecí viendo a mi padre, también cirujano, combinar su profesión con la administración académica. Hice mi práctica en un hospital universitario como es el clínico de la U. de Chile y elegí irme a Valdivia con una post beca, porque había allá una universidad naciente y yo quería participar en ello. Viene, sin duda, de un deseo importante de participar en la formación de futuros profesionales.

– ¿Satisfecho con lo que ha hecho en su vida?

– Completamente. Pienso que soy un hombre afortunado, he tenido las posibilidades de hacer lo que he querido, aunque no ha sido fácil. Hay momentos en la vida que he sentido que las cosas se han derrumbado, pero he tenido el apoyo para reconstruir todo. He tenido la amarga experiencia de enfermos que se han muerto y te has cuestionado el por qué. Pero siempre en mi vida tomo decisiones drásticas y esta, la de asumir como Rector no es la excepción.

– ¿Qué pasará con su carrera de cirujano?

– Lo llevaré siempre en el corazón, pero hay momentos en que uno tiene que optar por proyectos de vida. He trabajado y realizado cirugías durante 40 años con pasión y con niveles de estrés increíble. Tomé la decisión de suspender mis actividades médicas, mientras me desempeñe como Rector, tal vez significa que no volveré a hacer cirugías de altas complejidad. Pero nunca dejaré de ser médico.

Un padre de familia

– ¿Fue una decisión conversada con la familia?

– Uno llega a estas instancias sólo si tiene una base familiar sólida de apoyo. Tengo una muy excelente relación con mi mujer, Verónica (Larach) que es médico y cada uno nos apoyamos en nuestras carreras. Todo es conversado con ella y mis hijos son un gran apoyo. Estoy en una etapa estupenda en mi vida, donde todos mis hijos ya se están desarrollando independientemente.

– ¿Cómo se define como papá?

– Soy muy colaborador. A mis hijos les di papa, los mudé, los bañé. Soy conversador con ellos, muy permisivo, pero tengo ciertos márgenes. El mayor que tiene 38 vive en Estados Unidos y es ingeniero en sonido, el de 37 es médico y sigue mi misma especialidad, el de 33 es ingeniero comercial, con un magíster en creatividad y el “conchito” tiene 27, también ingeniero comercial.

– ¿Pudo compartir la infancia de sus hijos?

– Sí, no hacíamos compromisos los fines de semana para dedicárselos a ellos. En la semana, me levantaba con ellos, tomábamos desayunos, los llevaba al colegio o a la universidad. Cada hijo fue diferente y a cada uno tuvimos que dedicarle la atención necesaria para ayudarlos a cumplir sus sueños.

– Dejando de lado, cirugías, decanato y la familia (aunque eso es imposible), ¿Qué actividades ocupan su tiempo libre?

– Leo mucho, soy medio autista en los veranos cuando me pongo a leer. Leo todo lo que me cae en la mano, desde poesía hasta novelas. Si tengo que decir algún autor preferido, puede ser John le Carré, que es de novelas de espionaje. Los fines de semana navego, nací al lado del agua, me atrae. Pero mi pasión, lo que me relaja es la pesca. Me encantaría hacerlo con frecuencia, trato de hacerlo dos veces al año, por espacios de no más de cuatro cinco días. Tengo una sociedad con un hermano y dos amigos en un centro de pesca en Coyhaique.

– ¿Cambiará en algo su vida ahora que será el futuro Rector de la UNAB?

– En todo. La vida va a cambiar con la sola partida de la práctica médica, pero soy un hombre decidido, cuando decido algo, lo hago. En la vida uno toma decisiones con pasión y se debe quemar naves, es decir, no hay que dejar hilos.

– O sea que es un todo o nada…

– ¡Es todo!

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Sonia Tamayo

stamayo@unab.cl