Bañarse con agua caliente en invierno puede aumentar riesgo cardíaco

Escrito por mjorda

26 abril, 2011

Así lo indica un estudio publicado en Japón que advierte sobre los peligros de este hábito, que aumenta con la llegada de las bajas temperaturas del invierno.

Uno de los placeres del invierno son las duchas de agua caliente que a veces pueden durar más de media hora. Además de ser poco sustentables esconden un silencioso riesgo.

Así lo especifica el estudio japonés “Resuscitation”,  que indica que bañarse con agua caliente en periodos fríos puede causar problemas en el corazón, ya que la tasa de paros cardíacos se multiplica por diez en invierno respecto del verano.

Un equipo de Escuela de Enfermería y Medicina de la Prefectura de Kioto, dirigida por Chika Nishiyama, basó su estudio en alrededor de 11 mil paros cardiacos en la ciudad de Osaka, entre 2005 y 2007. Así, antes de la insuficiencia cardíaca, el 22% había estado durmiendo; un 9% había tomado un baño; el 3% estaba trabajando y un 0,5 por ciento hacía ejercicio.

La relación entre paros cardíacos y cambios bruscos de temperatura es conocida desde hace muchos años, dice el doctor Eduardo Bastías, cardiólogo y académico de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello. “El baño prolongado con agua caliente provoca vasodilatación, es decir, dilatación de los pequeños capilares sanguíneos, lo que a su vez origina una caída de la presión arterial”, explica.

Si alguien está en una tina con agua muy caliente un largo rato, al salir del baño, corre el riesgo de caerse, incluso con pérdida de la conciencia, por caída brusca de la presión, agrega el cardiólogo. “Especialmente susceptibles son los adultos mayores y quienes toman medicamentos hipotensores”, añade. Las personas con cardiopatía el riesgo de un accidente es mayor, llegando a un posible paro cardíaco.

Otro problema es salir a un ambiente frío o darse una ducha con agua fría después del baño caliente, porque en ese caso la situación es al revés, de la vasodiltación se pasa a la vasoncostricción, es decir espasmos de los capilares arteriales y subida brusca de la presión arterial. El académico de la UNAB aconseja, por lo tanto, que la temperatura del agua en la ducha o una tina debiera ser tibia o levemente caliente y que la duración más bien corta.

Finalmente aclara que “también se han cuestionado los saunas, en que hay una temperatura alta de larga duración, seguida de una ducha fría, por los mismo riesgos anteriormente señalados”.