Concepción

El ginecoobstetra y académico UNAB, Jorge cabrera Ditzel analiza en esta columna el contexto chileno en materia de parto respetado tras las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, OMS.

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En Chile hasta mediados del siglo pasado gran parte de los nacidos lo hacían en casa con ayuda de parteras o curiosas. El futuro de sobrevivencia del binomio madre/hijo dependía de las medidas básicas de higiene, condiciones socio económicas y ambientales del grupo familiar. Las cifras de mortalidad neonatal y materna asociadas a estos designios de la naturaleza eran dramáticas, se redujeron drásticamente con el desarrollo económico y social, y con políticas estatales implementadas tanto en el control del embarazo como en la asistencia del parto, con hospitalización prácticamente obligatoria de las parturientas.

Ninguna mujer puede apartarse de la obligación de controlarse y resolver su parto en maternidades, que producen recién nacidos en gran escala, entregándose las mujeres gestantes sin reparos a todos los procedimientos y avances tecnológicos que garantizan éxito en el control del embarazo,  y sometidas a correcciones de fenómenos fisiológicos dispuestos  por la naturaleza, incluido el dolor, en el  supuesto que el organismo de la mujer no es capaz de parir solo y por lo tanto necesita ayuda, invalidando  la naturaleza femenina y la toma de decisiones individuales. Tampoco escapa el neonato a un sin número de iniciativas, aspiración de secreciones, etc. que, supuestamente, sin ellas tampoco puede sobrevivir.

Este período de lucha contra la mortalidad materna y neonatal logra un destacado éxito reconocido internacionalmente,  apoyado en la mejoría en las determinantes de la salud, evidenciando su relación con el desarrollo social.

Así entendida la evolución de la obstetricia nacional, cabe retomar con razonable seguridad y respeto las decisiones de las gestantes que otorguen al evento una dependencia de sus deseos junto con su pareja, para tener libertad de cómo enfrentar el trascendental evento, para lo cual deben cumplir con los parámetros de normalidad exigidos en el desarrollo de la gestación que respalden su decisión y acceder al denominado “Parto Respetado”. 

Hace más de dos décadas que se inicia en nuestro país la implementación de métodos de preparación para el parto, relacionados con la humanización del proceso con un cambio de visión dando la oportunidad a las mujeres de tener una experiencia que sea significativa y recordada con agrado. Se creó un programa basado en evidencia científica y en recomendaciones de la OMS fijando lineamientos técnicos en el manejo del trabajo de parto que originó el programa, ”Humanización del Parto y Nacimiento en el Sistema Público de Salud”, difundido posteriormente como parte del programa Chile Crece Contigo, donde se realizan una serie de actividades en la atención primaria y el nivel secundario, que responde a esta necesidad.
 La red a la que las gestantes pueden acceder posee mucha información, profesionales y mujeres dispuestas a dar apoyo a la confianza y capacidad de parir de la mujer, con menos tecnología, y preparadas para enfrentar el nacimiento de los hijos en forma tranquila con gran nivel de contención y un intenso vínculo con el recién nacido, reconociendo y respaldando lo natural, que el cuerpo sabe lo que tiene que hacer, otorgando un espacio acogedor y con las personas deseadas incluida una profesional que la acompañen en el evento como sucede en la actualidad en países desarrollados, con porcentajes importantes de mujeres autorizadas para ser atendidas en su domicilio, con resultados maternos y neonatales satisfactorios que respaldan el concepto de un evento propio de la naturaleza y seguro por el conocimiento actualizado involucrado en el proceso.

 

Dr. Jorge Cabrera Ditzel,

Profesor Titular Obstetricia y Ginecología

UNAB.

 

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