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Que los jóvenes se alimentan y que abusan de las grasas y azúcares no es una novedad, por eso la nutricionista Macarena Gullón, académica de la U. Andrés Bello, entrega algunas recomendaciones para no trasformar estos comportamientos en hábitos.

Del colegio a la universidad hay un abismo de diferencias incluso en temas nutricionales. Esto se debe a que los jóvenes suelen reemplazar la comida casera por completos, papas fritas o hamburguesas a la hora de almuerzo. ¿Cómo se puede evitar caer en esta rutina de mala alimentación? Macarena Gullón, académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la U. Andrés Bello, señala que hay que partir por conservar y ordenar los horarios de comida que suelen jugar en contra de una buena nutrición en los universitarios.

Por lo mismo, complementa la experta, los estudiantes no debieran estar más de cuatro horas sin ingerir algún tipo de alimento. Una colación en la mochila diariamente ayuda, que por cierto, debe ser saludable, como frutas, yogurt o algún tipo de galleta integral sin azúcar. Es necesario que los universitarios logren respetar las cuatro comidas diarias.

Macarena Gullón, nutricionista UNAB.

La académica de la UNAB recomienda que los universitarios consuman proteínas (carnes y derivados), leche o algún lácteo descremado todos los días. También preocuparse de comer verduras y frutas que aportan fibra y vitaminas, y cereales o legumbres que les darán los hidratos de carbono que necesita un estudiante de educación superior.

Comida chatarra

“Hay que tener precaución con este cambio de hábito alimenticio, que aunque no constituye un trastorno, si puede transformarse en un problema. Consumir comida chatarra y no tener tiempo para hacer deporte como sí lo hacía mientras estaba el colegio puede desencadenar en un aumento de peso en los jóvenes”, dice la nutricionista.

El consumo de mayores cantidades de grasas, azúcares y calorías presenta una serie de riesgos para la salud de los universitarios como la dislipidemia (alteración en el perfil lipídico). Este tipo de comida, además, tiene un alto contenido de sodio lo que, a largo plazo, puede impactar negativamente en la presión arterial, sobre todo si el joven tiene antecedentes familiares de hipertensión.

Según Macarena Gullón los hombres son más propensos al colesterol alto, “porque las mujeres estamos protegidas por los estrógenos. Pero la población femenina,  en cambio, tiene más facilidad para aumentar de peso, puesto que tenemos un metabolismo (por lo tanto gasto calórico) más bajo que los hombres”, concluye.

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Sonia Tamayo

stamayo@unab.cl

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