Conoce a tu Profe

Ejemplo de coraje y lucha, el académico de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello y encargado del Campo Clínico Hospital El Pino, concedió a Noticias UNAB una emotiva entrevista en la que habla sin tapujos de su cáncer, su amor por la Medicina, su compromiso con la UNAB y la cercanía con sus alumnos.

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Claudio Mora llegó a la U. Andrés Bello en el 2005 como encargado del pregrado y postgrado de cirugía. Los pergaminos de este académico no son pocos: Estudió Medicina en la Pontificia Universidad Católica de Chile, hizo su especialidad de cirugía en la Universidad de Chile y en el 2010 llegó a ser jefe del servicio de cirugía en el Hospital El Pino, y ha desarrollado diplomados en gestión en la U. de Chile y USACH.

-¿Por qué decidió estudiar Medicina?
Creo que la primera respuesta es el espíritu de ayudar a los otros, basado en experiencias personales de enfermedad familiares. Pero también fue una consecuencia a las buenas notas del colegio, ya que hay una idea de lo que significa ser médico, pero está muy lejos de lo que uno va aprendiendo en el camino… Con esto me refiero a que hay una idealización de la profesión, al cual uno termina de conocer solo con el tiempo.

-¿Tiene alguna anécdota de su época como universitario?
¡Muchas! Algunas no se pueden contar, pero teníamos un grupo en la Universidad que se dedicaba hacer muchas bromas. Era común encontrar en los delantales de anatomía patológica alguna parte del cuerpo humano… ojo, en esos tiempos se usaban cadáveres de verdad. Recuerdo mi primera entrevista a un paciente en semiología, con muchos nervios seguí la pauta que tenía anotada y le pregunto cuántos hijos tenía…y cuántos habían sido cesárea. A lo que me dice: “Tendríamos que preguntarle a mi señora porque no me acuerdo”… era hombre!! En el internado, teníamos un grupo que se llamaba Laennec, por el médico que describió la cirrosis hepática. Quien pertenecía a este grupo, debía cumplir una serie de reglas y pruebas para permanecer en él. Creo que esta época, es una de las más importantes en la vida de alguien, las tradiciones deben mantenerse, hacen que la escuela se mantenga viva.

-¿En qué momento llegó a la docencia?
Desde que inicie mi postgrado que me gustaba hacer docencia, me ayudaba a reforzar mis conocimientos y el contacto con los alumnos era muy enriquecedor. Cuando llego la Universidad al Hospital me alegro mucho, y de inmediato me ofrecí para formar parte del equipo a pesar que mi experiencia era solo lo que había visto en mis estudio de pregrado.

-¿Qué es lo que más le agrada de ser académico?
-Poder participar en la formación de futuros colegas, el permitirme ser parte de sus vidas y marcar un momento de estas. La trascendencia en otros es algo muy lindo y que trae muchas satisfacciones.

-¿Cómo es su relación con los alumnos? ¿Le tienen algún apodo?
Creo que es de mucha cercanía, aunque soy bastante serio al ir conociéndome entienden mi personalidad. Al principio siento que me tienen “algo de miedo”, pero la mayoría entiende que lo hago para que sean mejores y sacar el 100% de cada uno. Me deben tener muchos apodos, pero el que más he escuchado es “Pocker face”. También dicen que tengo la habilidad de aparecer en los lugares y momentos más inesperados.

-¿Qué es lo que le ha entregado la medicina?
Me ha entregado una forma de entender las cosas y la vida. Para ser un buen médico hay que ser una buena persona, y para ser una buena persona hay que tener dos características: Saber colocarse en el lugar del otro (empatía) y ser humilde. No sé si lo he logrado, pero la medicina me lo recuerda todos los días.

Un luchador
-¿Qué edad tiene?
Espero cumplir 45 años el 11 de mayo…. Y si llego, lo celebraré en grande.

-Usted vivió un periodo complicado con el diagnóstico de cáncer ¿Cómo enfrentó ese momento?
Estoy viviendo con un cáncer. Actualmente, tengo un cáncer avanzado de páncreas, el cual no se puede operar y que está en tratamiento solo paliativo, ya que tengo metástasis hepáticas y carcinomatosis peritoneal. Fue muy difícil enfrentar el diagnóstico, lloré mucho por dos días y luego empecé a tratar de levantarme. Saber que la muerte está cerca, cambia muchas cosas, mi pronóstico de sobrevida era de seis meses. Pasé a convertirme en un paciente, quería que mi médico fuera un héroe… y, a la vez, pensaba: “cuántas veces los pacientes quisieron lo mismo de mí”. No quiero dejar sola a mi familia, creo que esa es mi mayor fuerza para seguir acá. Cada día es un aprendizaje y trato de disfrutarlo al máximo.

-¿Cómo ha sido su lucha contra esta enfermedad? ¿Cuáles son los pilares de su vida que lo ayudan?
Algunos dicen que no es una lucha o que no debería serlo, pero yo lo tomo así. Hay días muy difíciles, físicamente no puedes levantarte. Hay días buenos y otros pésimos. Las quimioterapias, la radioterapia, te desgastan mucho y el dolor, a ratos muy intenso, te puede botar…y solo estar fuerte mentalmente te hace salir del hoyo. Creo que si todos tuviéramos presente que nos moriremos, seríamos mejores personas. Mis pilares son mi familia y mis amigos, pero además me encontré con la sorpresa de mis alumnos y ex alumnos. Todos los días, desde que esto partió, me llega un mensaje de alguno de ellos dándome ánimo. Debo contar con orgullo que me han hecho muchos homenajes y premiaciones, donde he podido entender lo importante de mi labor en estos años y eso me da mucha tranquilidad, porque logré entender cuál fue el objetivo de mi vida. Cuando me dijeron que mi cáncer ya no tenía tratamiento, pensé: ¿Qué es lo que quiero hacer? ¿Viajar por el mundo? ¿Cuál era mi último deseo? y a los pocos minutos me di cuenta que lo que quería era seguir en mi querido Hospital y haciendo clases en mi querida Escuela. Esa es mi vida, y lo haré hasta que mi cuerpo ya no me lo permita. Sé que mi experiencia me permitirá seguir aportando a los pacientes, tratándolos distinto y no puedo dejar de traspasar eso a mis alumnos. En el último tiempo, he puesto mucho de mi energía en la formación de cirujanos, quiero ver por lo menos dos o tres generaciones más egresadas. Lo que me mantiene vivo es mi familia, mis alumnos, mis amigos y mis pacientes.

-¿Qué rasgos de su personalidad destaca más?
En la actualidad la resiliencia.

-¿Qué disfruta hacer en su tiempo libre?
Ahora disfruto todo, solo respirar tiene un sentido distinto para mí… caminar y mirar, aunque suene una frase cliché.

-Si volviera a nacer, ¿cambiaría algo de su vida?
Como todos, hay cosas que volvería a hacer y otras que no. Pero, dedicarme a la salud pública y a la docencia son cosas que jamás cambiaría, era mi destino.

-¿Cuáles son sus sueños en lo profesional y en lo personal?
Ya no me programo… solo sueño, y me gustaría ver egresar a los alumnos que entraron este año al Postgrado de Cirugía, me gustaría hacer el internado a los alumnos que están en cuarto ahora. Me gustaría ver a mis hijas salir de cuarto medio. En lo profesional, me gustaría ser el director de la escuela de medicina. Pero por ahora, me conformo con despertar cada mañana.

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