Ciencias de la Rehabilitación

La directora de la Escuela de Fonoaudiología tiene una historia de vida que no fue fácil. Sobreviviente a un cáncer de mamas, la académica relata cómo en el mundo espiritual y de energías positivas encontró grandes aliados.

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Carola Cabezas Orellana cumplió un año como Directora de la Escuela de Fonoaudiología de la U. Andrés Bello. El desafío ha sido grande pero lleno de optimismo.

A sus 45 años, la nostalgia asoma al momento de recordar el por qué optó por la Fonoaudiología. ¿El motivo? “Desde que estaba en Enseñanza Media me gustaba la carrera, recuerdo haber asistido a talleres vocacionales de la U. de Chile, me gustó mucho que fuese del área de la salud pero que incluyera un componente humanista importante. Siempre me gustó el trabajo con personas”.

Ante los comentarios negativos al momento de elegir la carrera: “estudiar una carrera que nadie conocía” o “que iba a ganar dos chauchas”, ingresó a la Pontificia Universidad Católica al Ciclo Básico de Química (su segunda opción fue Química y Farmacia)”.

“Estudié 3 años y medio y me di cuenta que no era lo que quería hacer para el resto de la vida, recordaba con nostalgia el taller vocacional en que me habían presentado la carrera de Fonoaudiología. Así que me armé de valor y hablé con mi mamá, ella me dio todo su apoyo pero me dijo: ‘ingresas a la Universidad sí o sí, de lo contrario deberás trabajar’. Me preparé sola para rendir la prueba y logré quedar en la U. de Chile”.

-¿Qué recuerda de su vida como estudiante universitaria?
Siempre he dicho que son dos etapas: la primera cuando estudié en la PUC, tengo excelentes recuerdos. Lo pasé muy bien con mis compañeros, carreteé harto y conocí mucha gente. Había que estudiar mucho en grupo, eran noches interminables de estudio y risas. La otra etapa fue cuando ingresé a la Chile, ya era más grande, por lo tanto, mi objetivo era obtener en los cinco años, mi título profesional, el cambio fue muy grande de universidad ya que la PUC estaba muy estigmatizada por ser la “ponticuica” y en realidad no era así, entonces cuando yo decía en la Chile que había estudiado más de tres años en la PUC me miraban extraño. Fue un periodo de adaptación largo, ya acostumbrada hice redes de apoyo que hasta el día de hoy mantengo, muy buenas amigas.

-¿Cómo nace la idea de la docencia?
Creo que desde pequeña me gustó apoyar al de al lado, era muy ordenada así que prestaba mis cuadernos a los compañeros (eso ocurrió en enseñanza básica, media, la universidad e incluso el magister…ajajaja!), y les ayudaba cuando no entendían algo, toda mi vida en el colegio fue así. Y en la Universidad cuando estudiaba Fonoaudiología surgió la motivación por la docencia universitaria, el formar a jóvenes en tu profesión fue algo que siempre me pareció atractivo y de una gran responsabilidad.

-¿Cuáles han sido tus logros en lo profesional?
La vida profesional ha sido muy generosa conmigo, recuerdo mucho el primer gran logro profesional. Siempre me gustó el trabajo con personas adultas que producto de alguna lesión cerebral a causa de un ACV o un TEC quedaban con alteraciones en la comunicación, cuando salí de la universidad una profesora de campo clínico me recomendó para trabajar en un nuevo centro de rehabilitación neurológico para adultos, como era un proyecto nuevo trabajé por casi un año ad honorem, fue lo mejor que me pasó, aprendí mucho y sentí que le devolví la mano a la sociedad. Otro hito importante fue cuando ingresé a trabajar a la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad de Talca. El primer día que hice clases fue para el recuerdo, me llené de emoción y comencé a proyectarme en la vida académica, en dicha universidad luego fui directora de un magíster y directora de departamento. Me gustaba mucho el trabajo allá pero yo soy de Santiago, por 13 años viajé todos los fines de semana a la capital. Mi vida era entre Talca y Santiago, el 2015 me detuve y dije “¿es lo que quiero para el resto de mi vida?”, y la respuesta fue “no”, renuncié a la universidad en marzo del 2016 y “me vine a la vida”, rápidamente encontré trabajo. Ingresé a UNAB el 16 de abril del 2016, fue un cambio importante y atractivo para mí. Un gran equipo de personas con las que comenzaba a generar nuevas redes de trabajo y amistad

-¿Qué significa para usted ser la Directora de la Escuela de Fonoaudiología?
Es un desafío muy lindo, me siento muy orgullosa de ser parte de esta Escuela y conformar este gran equipo de trabajo. Sin duda es una responsabilidad tremenda pero con el apoyo que tengo de todos mis colegas de Viña, Concepción y Santiago me siento segura y confiada de que estamos haciendo lo mejor, que estamos formando a muy buenos profesionales y que cada día intentamos superarnos. Asumir este cargo ha implicado aprender muchas cosas y eso también lo agradezco enormemente.

Espiritualidad

“La hija de mi mejor amiga es como mi hija, de hecho ella dice que yo soy su ‘mamá putativa’. Actualmente, estoy construyendo una linda relación de pareja con alguien muy distinto a mí, él es del mundo de la ingeniería; lo que sin duda hace que sea más atractivo todo”, abre su intimidad la autoridad de Fonoaudiología UNAB.

-¿Qué le gusta comer?
Soy buena para comer, me encantan especialmente las pastas acompañadas de una rica copa de vino.

-¿Qué hace en su tiempo libre?
Me gusta salir con las personas que quiero, juntarse a conversar, a comer. También voy al cine. Aprovecho de descansar, soy buena para dormir hasta tarde los fines de semana. Disfruto también mucho de la soledad, no me siento nunca sola ya que siempre busco algo que hacer.

-¿Tiene algún proyecto paralelo a la docencia que sea parte importante de su vida?
Sí, realizar cursos que me llenen el espíritu, participo de un grupo de metafísica y pronto comenzaré un taller de grafología. Todo esto me relaja y me entrega herramientas para enfrentar de la mejor manera la vorágine de la vida, ser positiva y mirar el vaso medio lleno ante todo. Creo que por lo mismo soy del grupo de energizadores de la UNAB, proyecto que desde el día que me invitaron a participar me tiene muy contenta.

-Quiero profundizar más en lo del taller de grafología. ¿Qué le motivó a hacerlo?
Grafología porque creo que es una manera de conocer a las personas a través de su escritura, y también es autoaprendizaje pues a lo largo de la vida una va cambiando la caligrafía, y muchas veces tiene que ver con aspectos de nuestra personalidad que vamos desarrollando más dependiendo de las etapas de la vida en la que estemos.

-¿Ha realizado otro taller vinculado con lo espiritual?
Hice un taller de activación de la glándula pineal hace unos años, también eso te acerca mucho a lo espiritual y refuerza la idea de que el universo nos provee toda la energía para ser personas positivas y optimistas.

-¿Qué le motivó a ver este lado de la vida?
Creo que todo esto lo hago porque es vital la combinación equilibrada de mente-cuerpo-espíritu. A veces nos preocupamos muy poco de esto último y es cuando el cuerpo nos falla por alguna enfermedad cuando hacemos el click, en mi caso soy sobreviviente de una cáncer de mamas que sufrí el año 2013, me sané en gran medida gracias a todo este crecimiento espiritual que tuve en esa etapa y que posteriormente no he dejado de cultivar.

-Finalmente, ¿cómo se definirías en tres palabras?
Fuerte, ejecutiva, comprensiva.

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