El Líbero | Filosofía, formación ciudadana: la oportunidad que esperábamos

Escrito por Ana María Larenas

8 septiembre, 2016

María Gabriela Huidobro

En la Columna de Opinión publicada en el sitio de noticias online, El Líbero, la Decana de Educación de la Universidad Andrés Bello, hizo referencia a la “oportunidad” para conversar sobre Filosofía tras la propuesta del Mineduc por retirar este ramo de la malla curricular.

“La sociedad ha vuelto a hablar sobre los desafíos de la formación ciudadana, de la historia, e incluso, y por sobre todo, de la filosofía, esa disciplina que ha tenido tradicionalmente el menor espacio y consideración en el currículum y en el imaginario inmediato de nuestras ideas sobre educación”.

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Filosofía, formación ciudadana: la oportunidad que esperábamos

La propuesta del Ministerio de Educación para reformar la estructura curricular de 3º y 4º Medio ha despertado un interesante debate en los últimos días. A diferencia de la mayoría de los temas y proyectos que han girado más sobre aspectos económicos, administrativos o políticos de la Educación, lo que ha surgido ahora es, en estricto sentido, un debate educacional, orientado a problemáticas relativas a lo formativo y pedagógico.

Para quienes pertenecemos al ámbito de las Humanidades y la Educación, la puesta en escena de una problemática de esta naturaleza puede ser vista como una oportunidad. La sociedad ha vuelto a hablar sobre los desafíos de la formación ciudadana, de la historia, e incluso, y por sobre todo, de la filosofía, esa disciplina que ha tenido tradicionalmente el menor espacio y consideración en el currículum y en el imaginario inmediato de nuestras ideas sobre educación.

Más allá de los motivos que ya se han argüido sobre la necesidad de mantener esta asignatura y, de paso, rescatar el valor de las humanidades para una buena formación, la sola posibilidad de que se plantee alterar su presencia en los planes de estudio debe conducirnos también a preguntarnos sobre los motivos que llevaron a este problema. ¿Qué se enseña actualmente en filosofía? ¿Qué y para qué debería enseñarse? ¿Qué concepto de educación subyace a los planes de estudio? ¿Por qué se requiere un curso exclusivo de educación ciudadana? ¿Qué esperamos de estos cambios?

Los primeros proyectos educacionales en la historia de Chile republicano relevaron como primera e ineludible prioridad de todo plan de estudios, el que su objetivo último fuese la formación de ciudadanos. No como una asignatura, sino como el propósito que justificaba cualquier materia, conocimiento o capacidad a desarrollar. La educación debía tener una vocación pública, no en cuanto al sistema o a su financiamiento, sino en relación a su propósito: formar personas en principios, valores y prácticas que la sociedad necesitara.

A 200 años de ello, parece que volvemos a perseguir lo mismo, aunque confundidos con los criterios que tradicionalmente han impuesto los sistemas evaluativos, las orientaciones curriculares y la formación profesionalizante de las últimas décadas: la importancia de los contenidos sobre las habilidades; de los resultados sobre el proceso; de la especialización sobre la integración de conocimientos.

La propuesta, al menos en sus planteamientos iniciales, parece buscar la conciliación de estos aspectos, aunque la estrategia no resulta clara ni armónica. Curioso es que espere fusionar las materias de ciencia y sociedad, mientras se propone, por separado, a la educación ciudadana como una asignatura de conocimientos, en vez de pensar en ella como un objetivo transversal a cualquier disciplina.

El desafío de pensar en la integración curricular no será sencillo. Una propuesta que apunte a la interdisciplinariedad y a la diversificación de alternativas de estudio exige no sólo un cambio curricular, sino en las metodologías de enseñanza, en los sistemas y criterios de evaluación, en la formación docente. Y en la base de ello, un giro cultural: definir lo que esperamos de la educación más allá de resultados cuantitativos; abordar con una mirada amplia e integral el saber; e invertir las prioridades de la enseñanza y el aprendizaje, para relegar lo funcional y utilitario a un segundo plano.

Hasta ahora, falta dicho contexto o, al menos, no ha sido explicitado. La propuesta presentada nace de un propósito asertivo, que al observar las inequidades entre las formaciones científico-humanista, técnica y artística, espera que los jóvenes tengan una misma base cultural, y que sus aprendizajes sean pertinentes a la vida y a la sociedad actual. La búsqueda de una solución desde 3º y 4º medio, sin embargo, parece mal situada. Es cierto: la educación escolar actual acusa inequidades basales. Pero esperar solucionarlas con una reforma curricular sobre los últimos años de estudio no parece más que una respuesta descontextualizada, estrecha y emergente. De hecho, es curioso que las reformas educacionales en los últimos años hayan comenzado por implementar cambios en la Educación Superior, para abordar ahora la etapa escolar final, y pretendan luego el cambio de las etapas intermedias y tempranas.

Esta puede ser una buena oportunidad para plantearse preguntas y respuestas que aborden los desafíos de fondo y que, en lugar de proponerse desde lo que la contingencia demande como urgente, apunte a una mejora sostenida de la educación en el largo plazo.

 

María Gabriela Huidobro, decana Facultad de Educación Universidad Andrés Bello.