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Andrés Streuly, titulado de Ingeniería en Acuicultura UNAB, es el número uno del país en la especialidad. Él integra el primer team de Chile que participará en una cita mundial de este deporte ancestral.

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La competencia es el eje de la historia de Andrés Streuly (47). Del canotaje pasó a la natación, cuando ingresó a estudiar Ingeniería en Acuicultura en la UNAB, en 1994, que entonces estaba en Campus República.

De ahí comenzó a entrenar como deportista de alto rendimiento en Kayak Olímpico, en paralelo a sus estudios. Fue seleccionado y campeón nacional varios años. Compitió en los Juegos Odesur en el 98 y en los Juegos Panamericanos de Winnipeg el 99. Por sus logros varias veces fue distinguido por la UNAB como deportista destacado.

Al terminar su carrera se fue a Puerto Montt, para trabajar en la industria salmonera. Allí siguió con las carreras de aventuras: MTB, tekking, kayak y running, luego se dedicó un tiempo al trail: carreras por los cerros de ultra maratón. Hasta que en 2016 retomó el Kayak Olímpico y regresó a la competencia. Ese año, ya como master, se coronó campeón del Sudamericano en su categoría en 6 pruebas.

Ese mismo año lo invitaron a participar en el Campeonato Sudamericano de Canoa Polinésica (Va’a), en Maitencillo. “Fui y me encantó”, dice.

Así comenzó su historia en este deporte ancestral. Hoy es el número uno del país en la especialidad, campeón nacional V1 Open el 2017 y en mayo de 2018 se coronó nuevamente campeón nacional por segundo año consecutivo.

Desde este año ha sido seleccionado para integrar el equipo chileno que participará en el 18° Campeonato Mundial Va’a, que se realizará en julio en bahía de Ta’aone,en Tahiti, donde Chile por primera vez irá con un equipo y competirá en V6 (embarcaciones de 6 palistas).

Ahora, junto a la selección, está enfocado en entrenar y llegar de la mejor forma al evento. Comenta que lo motiva competir nuevamente por Chile en un mundial, así como medirse contra países como Nueva Zelanda y Tahíti que tienen una gran tradición en este deporte.

—¿Qué es lo que te gusta de competir?

—Me gusta el proceso preparación, el trabajo metódico y sistemático que se hace, tener un objetivo e ir logrando las metas. Además, la competencia misma es algo que te saca completamente de la rutina, donde el tiempo se detiene justo antes de la largada. Es un momento donde se vive una atmósfera distinta y única. Puedes sentir cómo late tu corazón, que estás vivo y que estás en un momento irrepetible donde darás todo lo que tienes. De pronto ya estás en carrera donde pone a prueba todo lo vivido, midiéndote contra ti mismo y contra el resto. Son momentos que van quedando guardados y archivados que te hacen valorar más la vida y lo que haces.

—¿Cómo recibes y proyectas este desafío de ir al Mundial en Tahiti?

— Remar es algo que fluye, en todo lo que he remado me ha ido bien. El año pasado fui por segunda vez al Sudamericano en Lima y me fue bastante bien: saqué medalla de plata en V1 (un tripulante) en la categoría master y salí campeón nacional en V1 en master y en open. La Canoa Polinésica ha tenido un alto desarrollo en Chile los últimos dos años y en el último sudamericano se lograron los mejores resultados como país, acercándonos mucho a Rapa Nui y Brasil que lideran este deporte en Sudamérica.

—¿Vieron resultados?

— A raíz de estos buenos resultados la Federación Chilena de Canotaje abrió una convocatoria para formar una selección y enviar por primera vez un equipo V6 (6 tripulantes) a un campeonato mundial de velocidad; antes ha ido Isla de Pascua, pero de manera independiente, no en representación del país. En enero, con el equipo ya formado, comenzó la preparación: entrenamos dos fines de semana al mes.

—¿Qué dificultades han enfrentado y cómo manejas el tiempo de entrenamiento?

—El proceso no ha sido fácil ya que soy el integrante más austral y he tenido que viajar postergando tiempos con la familia y los amigos. Una embarcación V6 implica un fuerte trabajo en equipo y remar mucho tiempo juntos, pero creo hemos aprovechado bien cada vez que nos hemos juntado. El factor clima en este tiempo hace más complicado poder entrenar en agua, sobre todo en el sur, poniéndole una dificultad extra a la preparación, pero estamos motivados y cumpliendo los planes de entrenamientos. Nuestro Objetivo como V6 y V1 es poder llegar a una final. Sabemos que es tremendamente difícil, pero será primera vez que nos medimos en estas instancias y queremos apuntar a eso.

Inicios en el deporte

—¿Cómo fue la etapa de estudiar y entrenar como deportista de alto rendimiento?

—Antes de entrar a la universidad, en el colegio, me inicié en el kayak Olímpico y competí con buenos resultados en la categoría cadete y junior. Estuve algunos años retirado de la actividad y después de entrar a estudiar en la UNAB empecé a entrenar nuevamente, pero en la categoría adulta. Primero me metí a la rama de natación de la universidad y luego volví al kayak. Entrené fuerte cuatro años y fui a la mayoría de los campeonatos importantes. Durante este tiempo fui seleccionado nacional y tuve hartas participaciones, fui campeón nacional varios años, fui medallista en los Juegos Odesur de Cuenca 98 y finalista en Los Juegos Panamericanos de Winnipeg 99.

—¿Cómo compatibilizabas todo?

—Primero estudié técnico universitario en acuicultura en la UC de Temuco. Eso me permitió convalidar ramos en la Acuicultura en la UNAB. Así que tenía más tiempo para entrenar. Luego, en el período más competitivo, congelé un año. Después terminé la carrera, me puse a trabajar y dejé de entrenar, aunque no del todo.

¿Tuviste apoyo en ese momento?

—Cuando ingresé, la carrera y la UNAB tenían cinco años de existencia. Así que fui parte del proceso inicial, fui de los primeros deportistas destacados en la universidad. Pese a ello, tuve apoyo y reconocimiento institucional. Aunque no había excepciones: tenía que estudiar igual no más.

—¿Y qué pasó con el deporte cuando entraste a trabajar?

—En el año 2000 me vine al sur a trabajar en la industria salmonera, entrené un año más como seleccionado nacional en kayak Olímpico y luego me retiré. Llevo 11 años en Marine Farm, donde soy gerente técnico y he tenido la oportunidad de desarrollarme en lo que estudié y que igualmente me apasiona. Afortunadamente he podido compatibilizar mi trabajo con el deporte, entrenando temprano y a la hora de almuerzo. Debo destacar que Marine Farm me ha apoyado y dado las facilidades para ir a competir y entrenar, lo que ha sido trascendental.

—¿Nunca dejaste el deporte?

—No, después de dejar el kayak olímpico a nivel competitivo me puse a hacer carreras de aventura, luego incursioné en el running, el trail y el triatlón donde igualmente tuve buenos logros. Pero hace tres o cuatro años volví a remar, primero en Stand up paddle donde empecé a hacer regatas de Sup Race y después de eso volví a remar en kayak olímpico, mi deporte original. Desde entonces no he parado de remar en Canoa y también en SUP Race.

—Así retomaste la competencia…

—Sí. En abril 2016 fui a un campeonato sudamericano master de canotaje olímpico y salí campeón sudamericano en 6 pruebas, traje seis oros y una plata. Ese mismo año fue el campeonato sudamericano de Canoa Polinésica en Maitencillo, fui y me encantó. Me invitaron a integrarme a un equipo, así que empecé a remar en V6. En ese equipo había un ex compañero de la UNAB, Pablo Berner, los dos remábamos en k2 en la universidad y nos vinimos al sur, somos compadres y ambos volvimos a remar. Pertenecemos al Club Náutico Viento Sur, un club relativamente nuevo que ha crecido mucho en el remo. El club nos ha permitido y facilitado poder retomar la actividad.

—¿Y ahora compatibilizas la vida familiar con el entrenamiento?

—No es fácil compatibilizar todo; la familia, el trabajo, los entrenamientos y los amigos. Para lograrlo trato de aprovechar al máximo los tiempos que tengo, lo que me significa que cada día sea muy activo. Con mi esposa tenemos dos hijos chicos, Josefa que cumplirá 12 y Amaro de 9 años. El apoyo de mi esposa ha sido y es relevante, si no fuera así no podría dedicarme de la forma que lo hago. Con su ayuda me hago los espacios para entrenar, que dependiendo de la temporada, significan de cuatro a seis días a la semana y algunos días doble jornada.

—¿La familia también tiene esta cultura deportiva?

—Creo que de una u otra manera ellos han ido incorporando en su vida la cultura del deporte. Tengo un hijo mayor, Matías, de 23 años, que vive en Santiago y es bastante deportista, le gusta la escalada. Mi hija hace voleibol y el más chico fútbol. Por ahora a ellos les gusta practicar y disfrutar del deporte, como un hobby, más que para competir. Por mi parte trato de motivarlos para que hagan cualquier deporte que les guste, porque considero que cualquier actividad deportiva que adquieran tempranamente les entregará una serie de valores que les servirán para toda la vida.

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