DIARIO UNAB | José Rodríguez: “Espero estar vivo para ver que las teorías que estoy desarrollando se usen en la industria”

Escrito por Macarena Villa

14 noviembre, 2017

A pata pelá|Rector José Rodríguez:

“Espero estar vivo para ver que las teorías que estoy desarrollando se usen en la industria”

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Por Macarena Villa / Foto de Carolina Corvalán y Mauro Miranda

Aún guarda unos segundos de silencio cuando le dicen que es una de las “mentes científicas más influyentes del mundo”. Un reconocimiento que el Dr. José Rodríguez Pérez recibió de Thomson Reuters, en 2014, 2015 y 2016, por ser uno de los científicos más citado en publicaciones de alto impacto. Actualmente es el investigador chileno más citado en el mundo.

“No dejo de sorprenderme”, dice, y lo atribuye a que su trabajo investigativo se basa en un área muy activa hoy: la energía. Esa es la pasión de este ingeniero Civil Eléctrico. Gran parte de su vida ha investigado el control y la transformación de la energía, que está en la base, dice, de los cambios que se avecinan con la electromovilidad y las energías renovables.

De ahí vienen distinciones como el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas en 2014 y un reconocimiento que, en 2013, hizo la Academia de Ciencias a un proyecto de control y transformación de energía que desarrolló para una minera –su único y breve paso por el mundo privado– como la iniciativa de innovación en energía más relevante de los últimos 40 años en Chile. “Eso vale para mí lo mismo que muchas publicaciones”, admite.

Esforzado, humilde y soñador, Rodríguez Pérez –el segundo de seis hermanos y el único científico– goza investigando. A eso dedica sus mañanas de domingo, en su oficina, en Viña del Mar. “Es mi tiempo de reflexión”, dice.

En el área de Electromagnestimo del Museo Interactivo Mirador, a pata pelá el rector de la UNAB habló de sus motivaciones, sus inspiraciones y sus sueños como investigador. 

-¿Cómo llegó a la ingeniería después de haber querido ser bombero o abogado?

-Antes de los 10 años tenía esas inquietudes (ríe). Después mi interés era estudiar afuera y se dio que había una escuela técnica de la U. Santa María que reclutaba gente y se me ocurrió postular.

-En ese período ¿toda su familia se trasladó desde Osorno a la V Región o sólo usted?

-Sólo yo. Y fue duro, pero yo quería salir a mirar el mundo, era muy curioso, muy inquieto.

-¿De dónde venía esa inquietud?

-Mi abuelita me inspiró, ella me ayudó a dar los pasos claves. Me dijo: ‘anda a mirar el mundo, yo te apoyo. Pero ándate a estudiar, no puedes ir solo a patiperrear, estudia en una escuela técnica. Y así vas a hacer la vida independiente que tú quieres’.

-Y llegó a la escuela técnica ¿Se imaginó lo que iba a hacer después?

-No, no. Llegué a explorar. De repente me atrajo la electricidad, la electrónica específicamente. Ahí nos enseñaron lo típico, influenciado por la radio y la televisión y algunos automatismos básicos. Fue una época muy entretenida.

-La idea era aprender un oficio para trabajar y ayudar en su casa, no?

-Al terminar el colegio dije: ‘ya estoy listo para ir a trabajar’. Y mi mamá me dijo: ´Estás muy niño, tienes que seguir estudiando’. Y ahí, como era rebelde pero nunca tanto, seguí estudiando en la misma universidad. Estaba tan perfectamente articulada que para mí fue como pasar de curso.

-¿Y de dónde surge el interés científico?

-Yo era muy curioso, creo que eso me ayudó en mi labor científica. Las cosas siempre tienen una lógica, un por qué. Y yo a todo le doy una explicación simple. Esa capacidad de simplificar y sintetizar ha hecho que me vaya bien en la carrera. Además, siempre he sido riguroso y responsable frente a la vida. Si te dan una tarea no veo razón por la que uno no haga su mejor esfuerzo por hacerla bien. Es otro valor que me inculcó mi abuelita. Mi motor día a día, esté donde esté, es hacer las cosas bien, y eso lo aplico también a la investigación.

-¿Ella era su abuela materna? ¿Usted vivió con ella?

-Sí, materna. Viví con ella cuando estábamos en Osorno. Era una mujer brillante, muy de avanzada para su época. Era liberal y generosa, cariñosa. Fue la que marcó mi vida, al margen de lo que hizo mi mamá que me dio la vida. Ella hizo las movidas clave en mi vida.

-Al egresar de ingeniería ¿tenía más o menos claro para dónde ir?

-En una época donde no había internet y la gente no viajaba a otros países, me di cuenta a través de los libros que había que investigar. Estoy hablando de 40 años atrás, cuando muchas universidades no tenían claro que había que investigar (…) Gracias a buenos ejemplos que tuve cuando partí mi carrera descubrí cómo había que hacerlo. Dije: ‘ya, hay que crear conocimiento’ y partí. Y eso me dura hasta hoy. Y gracias al apoyo de mi familia he podido compatibilizar mi labor de rector con la investigación, para la cual hoy dedico parte de mi tiempo libre.

-¿Como los domingos en la mañana, cuando citaba a tesistas a trabajar a su oficina?

-Bueno, tengo una oficina en la UNAB en Viña del Mar, que es mi favorita, y todos los domingos a las 8 u 8.30 de la mañana me reúno con mi última estudiante de doctorado y ahora colega de la UNAB, y lo pasamos fantástico trabajando. Es mi mañana. Uno tiene que darse su espacio de reflexión en la vida, la mayoría no se lo da, yo lo hago y ahí pienso. Esos son mis domingos en la mañana.

-¿O sea su forma de relajarse tiene que esta pasión por investigar?

-Claro. Ahí lo paso bien y ahora que tengo una socia extraordinaria, es muy entretenido.

-¿Y va a seguir guiando tesis?

-Por cierto, en la medida que pueda tener alumnos, lo voy a hacer. El cuerpo me da, no es carga para mí. Y aunque le dedico tan poco tiempo, se avanza.

Retrospectiva

-¿Qué siente al mirar hacia atrás y pensar en ese niño del sur, que estudiaba en una escuelita chiquitita, que pasó a una escuela técnica, que estuvo muchos años en la U. Santa María y que llegó a ser reconocido como una de las mentes más influyentes del mundo? Es heavy, no?

-En realidad me faltan palabras… Es sorprendente, sí. Me siento absolutamente privilegiado. Mirando en retrospectiva te das cuenta que han pasado muchas cosas. Creo que hay un angelito que me estaba cuidando para que me fuera bien en la vida y no me pase nada malo.

-Por algo lo ha estado cuidando parece. Tenía que hacer un aporte.

-(Ríe) Lo importante de todo esto, y que es algo que quiero trasmitir a los jóvenes, es tener confianza en uno mismo, porque es posible lograr cualquier cosa que se imagine. Hacer una carrera en lo que uno quiera está al alcance de todos, de cualquier joven, de cualquier colegio, de cualquier sector, por más precario que pueda parecer el inicio. Todos tenemos la posibilidad de llegar a lo más alto del conocimiento humano o ser exitoso en los negocios, en el arte, en lo que se proponga. Yo sé que es difícil, pero si uno hace su mejor esfuerzo por hacer las cosas bien y tiene una autocrítica sana, lo demás sale solito. Ese es el motor que te lleva a progresar.

-¿Ese ha sido su motor?

-Sí. Pero también mi capacidad de soñar. Mucha gente lo hace, pero yo me esfuerzo por concretar los sueños. Tengo mis propios sueños con la UNAB y trabajo para concretarlos. Y en lo profesional ando con un sueño, en la parte investigativa, que ando persiguiendo hace 10 años. Así que al menos me tendrán que reconocer la perseverancia.

-¿Qué sueño le queda por cumplir en lo investigativo?

-Estamos desarrollando una investigación teórica que se usa en el control de la transformación de la energía eléctrica y tengo la esperanza que en unos 10 a 20 años más se aplique en la industria. Cuando eso pase voy a decir: ‘realmente fue un sueño extraordinario’, porque es algo absolutamente disruptivo, distinto a lo que se hacía 10 años atrás, cuando partí investigando y ya llevo una década.

-Investigaciones que se han traducido en publicaciones conocidas internacionalmente. Usted es hoy el chileno más citado en el mundo.

-Así es. Y no dejo de sorprenderme. Eso tiene que ver con que trabajo con un área muy activa ahora: la energía, por las energías renovables y por un ámbito que se viene muy fuerte que es la electro-movilidad: los autos eléctricos, después vendrán los autos autónomos y los aviones eléctricos completamente. Y lo que yo hago, que es el control de la transformación de la energía, es la base para todo eso. Así que espero estar vivo todavía para ver que estas teorías que estoy desarrollando se usen en la industria. Ese es el más grande sueño para mí, como científico.

 

DIARIO UNAB N°30
Noviembre 2017