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Con 35 años, en abril pasado la profesional comenzó un nuevo desafío en su vida: encabezar un gran establecimiento de salud pública.

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Con 35 años, en abril pasado la profesional comenzó un nuevo desafío en su vida: encabezar un gran establecimiento de salud pública.

Por Sonia Tamayo

Los sueños se hacen realidad, dice Andrea Parraguez (35). Luego de egresar de Tecnología Médica en UNAB, comenzó a trabajar como tecnóloga única en el Hospital de Pichilemu, en la Región de O’Higgins.

Diez años después, y luego de trabajar en la acreditación en calidad y seguridad al paciente, en abril pasado asumió la dirección de ese recinto, que al año atiende más de 30 mil pacientes.

Casada y madre de dos niñas –de 4 años y 7 meses– esta pichilemina hoy disfruta de su trabajo, pero sobre todo de su familia, los asados y, por supuesto, la playa.

—¿Cómo es tu día a día como directora?

—Es duro, no miento. Debo firmar muchos papeles y la responsabilidad algunas veces es agobiante, he debido aprender ámbitos administrativos y de recursos humanos que, normalmente, no manejamos, resolver problemas con la comunidad, entre otros temas.

—¿Cómo llegaste a la dirección del Hospital de Pichilemu?

—Egresé el 2008 y ese mismo año ingresé a allí como tecnóloga única. Este desafío de ser directora llegó a mí por una propuesta del antiguo director, junto a quien trabajé en el proceso de acreditación en calidad y seguridad del paciente. Luego de cinco años de trabajo arduo, logramos entregar esta distinción a nuestro hospital.

— ¿Cuáles son tus desafíos profesionales y personales?

—En estos 10 años he descubierto que tengo las capacidades para llevar lejos a mi hospital, y digo “mi hospital” porque así lo siento. Sé que nos falta mucho, no solo a nosotros sino que a la salud del país en general. Pero creo que, como dijo alguien por ahí, “un gran viaje comienza con un primer paso”. Y es lo que estoy dispuesta a hacer: dar ese primer paso para que todos mis colegas sepan que podemos lograr lo que nos propongamos, tenemos las armas, solo faltan las ganas.

—¿Cómo fue tu vida universitaria?

—Fue muy estudiada. Desde pequeña me destaqué por tener buenas notas y ser responsable. Primero, ingresé a Bachillerato en Ciencias porque no sabía qué estudiar, sólo que debía ser del área de la salud. Poco a poco descubrí la Tecnología Médica, que no era muy difundida en esos años. Me interioricé del hermoso e importante trabajo que realizan. En tercer año tomé el camino del laboratorio clínico como especialidad. Solo tuve que repetir un ramo en ambas carreras: Fisiología, del que me eximí en el segundo intento (ríe). Recuerdo mucho a mis profesores, todos eran excelentes profesionales y personas. También, mi internado en la U. Católica, sola, afrontando experiencias que otros no tuvieron, pero que me entregaron herramientas que utilizo hasta hoy.

—¿De qué forma te marcó la Escuela de Tecnología Médica?

—Me marcó en el ámbito profesional y personal. A veces existe discriminación hacia quienes estudiamos en universidad privada. Yo era la única jefa de laboratorio de mi región egresada de “una privada”. Por eso me enorgullece aún más haber dejado en claro que no tenemos nada que envidiarles a los egresados de universidades públicas.

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