Educación y Ciencias Sociales

Las brechas salariales, de presentación pública, el equilibrio trabajo-familia y la lucha contra estereotipos fueron algunos de los múltiples ámbitos que abordaron las investigaciones y experiencias expuestas en este encuentro.

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Las brechas salariales, de presentación pública, el equilibrio trabajo-familia y la lucha contra estereotipos fueron algunos de los múltiples ámbitos que abordaron las investigaciones y experiencias expuestas en este encuentro.

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Más de 30 académicos, investigadores y actores de la sociedad civil, provenientes de distintas regiones del país y del extranjero, expusieron sus trabajos y experiencias en el I Seminario “Investigación, Políticas y Programas de Género en Chile”, que realizó el Grupo lnterdisciplinario de Estudios de Género (GIEG) de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (UNAB), este 12 y 13 de enero, en el Ex Congreso Nacional.

Las desigualdades en el mercado laboral, su implicancia en la economía y el desarrollo, la realidad de la mujer trabajadora urbana y rural, en la pesca artesanal, en las comunidades indígenas, como jefatura y subordinada, dirigente y estudiante, las cuotas en la representación pública. El rol de la mujer en la familia patriarcal y matriarcal, el equilibrio familia-trabajo, la política del postnatal parental, la despenalización del aborto y la violencia de género. Además de la lucha contra los estereotipos de belleza y la imagen saludable de la mujer, la mirada al género desde las neurociencias y la literatura, la estética de los transgénero y lo hipermasculino, fueron algunos de los diversos temas que abordó.

“Hemos dado un gran salto entre los tiempos en que tratábamos de superar la invisibilidad de la mujer hasta el presente, cuando se aprueba la discriminación positiva para nombrar postulantes al Congreso en las elecciones parlamentarias; así mismo, no dejar de valorar el camino recorrido. Este ha permitido plantear y reconocer las distintas aristas de la dominación y de la diferencia convertida en desigualdad, junto con abrir el acceso de la mujer al poder público, por lento que éste vaya teniendo lugar (…) Ninguno de estos avances es menor, pero falta mucho por alcanzar”, enfatizó la socióloga Margarita María Errázuriz, decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales UNAB, en la jornada inaugural.

Claudia Mora, directora de Investigación de la Facultad y líder del GIEG, explicó que el amplio espectro de expositores convocados pretendía generar debates, conocer resultados, dificultades e innovaciones en generación e implementación de leyes y políticas pro igualdad de género, así como también evidenciar la urgencia de abordar este tema como un problema de justicia social.

La senadora Carolina Goic inició el seminario con una mirada a las brechas entre hombres y mujeres que persisten en Chile. En Política subrayó la sub representación de mujeres –que representan más del 50% de la población– que en parlamento sólo 15,8% son diputadas y 15,78% senadoras, mientras que de los 345 municipios sólo 43 están dirigidos por mujeres. Además, destacó, Chile presenta un 45,6% de participación laboral femenina mientras en los países OCDE asciende a 63,8% y en América Latina a 52,8%. Una brecha que persiste en salarios y pensiones. Esto, dijo, sin considerar la violencia contra la mujer que persiste. En 2015 hubo 45 femicidios.

La parlamentaria destacó avances en legislativos como la Ley de Violencia Intrafamiliar, el aumento de penas para el femicidio, la reforma previsional y el bono por hijo nacido vivo, el descanso semanal para trabajadoras de casa particular, el derecho en la igualdad de remuneraciones, el permiso laboral del padre tras nacimiento de un hijo, la creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género y la Ley de Cuotas en  política, entre otras.

Entre los desafíos pendientes dijo que están la despenalización del aborto en tres causales, avanzar en una Ley contra la Violencia de Género y el aumento de la participación laboral y política de las mujeres.

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El país de la igualdad

Noruega es uno de los países con mayor igualdad de género en el mundo, según diversos informes internacionales sobre brechas de género. Es uno de los países OCDE con más altos niveles de mujeres trabajadoras (70%) y una de las tasas más altas de maternidad. Además, el 40% de los parlamentarios son mujeres como también los son 9 de los 19 ministros. Además, según el último Informe de Desarrollo Humano anual de las Naciones Unidas, es el mejor lugar para vivir.

“Estamos orgullosos de liderar los índices internacionales como uno de los países más igualitarios del mundo”, dijo en el seminario la embajadora de Noruega en Chile, Hege Araldsen. Explicó que la igualdad de género en Noruega tomó 30 años: desde fines de los ´60 a los ’90. “Fue un proceso que se caracterizó por ser desde abajo hacia arriba, a través de la organización social y manifestaciones, y desde arriba hacia abajo, a través de reformas políticas y legislativas”, añadió.

Cuatro son los pilares en los que se basó el proceso noruego hacia una sociedad igualitaria, explicó:

Educación, con reformas que permitieron mayor acceso a las universidades y así pasar de 10 mil universitarios, de los cuales 20% eran mujeres, a fines de los 60 a 270 mil universitarios, 60% mujeres, en 2014.

Crear posibilidades de combinar trabajo asalariado y familia, que implicó el diseño de una política de la familia y una serie de reformas que consideraban la esfera privada y pública. “En un país donde el empleo doméstico prácticamente se había acabado gracias a la expansión de la educación, la integración de la mujer al mercado del trabajo requería tanto la creación nuevos servicios públicos como un aumento de la participación de los hombres en el trabajo doméstico”, expuso la embajadora. Para ello fue necesario aumentar  la cobertura de jardines infantiles (tomó 15 años), apoyo económico a padres o madres solteros, más flexibilidad laboral para padres con hijos pequeños, aumento de licencia por maternidad (eran 3 meses y hoy de 47 semanas), derecho a ausencia del trabajo por enfermedad del hijo y derecho a educación sexual y al aborto.

Participación política. “Las mujeres entendieron que, para poder constituirse como actores de los cambios políticos, tenían que participar donde se tomaban las decisiones. En 1971 mujeres de todos los partidos políticos decidieron unirse para aumentar la participación. Hicieron campañas e incentivaron a los votantes a reemplazar a los hombres en las listas electorales. El apoyo fue formidable (…) Esta campaña se conoce como El golpe de las Mujeres, fue como un despertar. La representación aumentó gradualmente”, dijo Hege Araldsen.

Ley de cuotas. La participación femenina también se aseguró en el sector privado y se estableció por ley la paridad 40/60 en directorio de empresas. “El Estado había invertido millones en la educación de mujeres y no estaban en los cargos de representación”, agregó. En 2014 la presencia de mujeres en cargos directivos era de 40,7%.

“La igualdad de género en Noruega no hubiera sido posible sin una política fuerte de equidad expresada, entre otras cosas, en un contrato social de equidad a nivel político y laboral, incluyendo la redistribución de ingresos y una alta tasa de impuestos, la reforma a la educación e intervenciones públicas que facilitaron en reacomodo de la esfera doméstica.

En un lapso de menos de 30 años las mujeres en Noruega consiguieron aumentar su independencia económica”, destacó la embajadora.

 

PROGRAMA en Investigación y Políticas de Género en Chile aborda seminario que organiza la Facultad de Ciencias Sociales UNAB

 

 

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