¿Cómo actúan los chilenos frente a un terremoto?

Escrito por Sonia Tamayo

2 abril, 2014

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Siempre se dice que nuestro país está acostumbrado a los sismos, sin embargo, estos eventos causan conmoción en la comunidad como acaba de suceder con el terremoto del Norte Grande. Pero ¿Cómo responde el ser humano frente a este escenario? ¿Cuáles son sus consecuencias? Según explica la psicóloga Lucía Godoy, académica de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello, se puede reaccionar de tres maneras:

1. Entre el 10 y 20% de la población afectada tiene respuestas “adaptadas”, es decir, que tienen capacidad de mantener la calma, enfrentar el miedo y adoptar medidas de protección y ayuda a los compañeros. Generalmente son personas informadas o preparadas, con capacidad de mando y elevado sentido de la responsabilidad cívica y moral.

2. Las respuestas inadaptadas, en tanto, se presentan el 20 y el 25% de los afectados, quienes pueden presentar desde reacciones emocionales intensas como pánico y descontrol, hasta comportamientos de agitación, inhibición, negación y oposición.

3. La respuesta más común, que afecta al 50 al 60%, de las personas víctimas de una catástrofe, las sufren aquella personalidades más influenciables, inseguros e indecisos. Actúan bajo la presión de los demás y pueden dirigirse hacia conductas de cooperación y socorro o hacia la inhibición, el pánico, y la fuga. A este sector se dirigen los esfuerzos y medidas preventivas como la información o el entrenamiento.

Según la psicóloga, “en la mayoría de los casos encontramos un control por parte de los afectados, por lo que los comportamientos suelen ser adecuados e incluso generosos, aunque también se dan alteraciones psicopatológicas severas como hiperactividad, estado de exaltación emocional, conductas motoras incontroladas”, afirma.

Para la académica de la U. Andrés Bello, la apatía, estar sin iniciativa, inmovilidad o desplazamientos sin sentido también puede ser una reacción esperada frente una catástrofe como la que se vivió en el norte. “Las personas pueden parecer dóciles ante las órdenes que les

imparten, muestran conductas próximas al automatismo. Por el contrario, hay quiénes reaccionaron con violencia, con sentimientos de frustración personal, ante la magnitud de la catástrofe. Estas conductas violentas, pueden materializarse sobre bienes o personas en forma de saqueos o agresiones a terceros. Pero también por falta de una dirección clara, lo cual los hace caer bajo la dirección de líderes negativos o de grupos “lumpen”, concluye.