Académica UNAB relata cómo es la hipoterapia y el emotivo trabajo con niños con dificultades motoras-conductuales

Escrito por Sonia Tamayo

26 mayo, 2017

Roxana Muñoz González, docente de la Escuela de Terapia Ocupacional U. Andrés Bello, lleva más de tres años trabajando con esta estrategia terapéutica. A continuación, cuenta los beneficios para los pacientes y para quienes trabajan con ella.

RoxanaMunozUNABLa relación con los animales puede abrir un mundo de posibilidades de superación y aporte en la calidad de vida de las personas con dificultades físicas, sociales y conductuales.

Efectivamente, la hipoterapia es una estrategia terapéutica, que a través del caballo, otorga contención tanto física como emocional, y puede ser complementaria con otras terapias.

Según explica Roxana Muñoz González, académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la U. Andrés Bello, la hipoterapia “puede ser usada por cualquier tipo de personas y de diferentes edades, pero es más común en los tratamientos de personas que presentan dificultades motoras y conductuales. En el caso de discapacidades motoras, montar permite replicar el movimiento de la marcha, en especial para aquellos que nunca han experimentado la marcha, el movimiento del caballo les permite trabajar la musculatura comprometida en ese movimiento, además, de controlar y mantener la postura”, dice.

Para la terapeuta ocupacional, “en niños con dificultades conductuales, el vínculo con el caballo (como animal de mayor tamaño) es más relevante que con animales pequeños, pues éstos últimos producen empatía, pero no generan una relación con otro que comande la situación, por tanto, les permite estructurar reglas y organizarse mejor, siendo un compañero que provoca mayor respeto asociado”.

Efectivamente, la profesional lleva más de tres años trabajando en esta área y relata a Noticias UNAB su experiencia:

-¿Cómo ha sido tu experiencia en el trabajo con niños en hipoterapia?
Creo que he tenido bastante suerte, puesto que la experiencia de estar en un trabajo donde es una premisa el trabajo en equipo, ya genera un ambiente de cooperación entre los involucrados, ya sean familiares, profesionales o petiseros (encargado del cuidado del caballo y de llevar las riendas para guiar al caballo durante la sesión). Además de tener un contexto que permite llevar al niño a un ambiente natural, que invita a la exploración espontánea y a conocer otras posibilidades de desarrollo. Los beneficios que otorga la hipoterapia, van mucho más allá de lo puramente físico, si bien es uno de los ejes que permitió desarrollar esta modalidad de tratamiento, existen elementos sociales y especialmente emocionales que potencian fuertemente este trabajo, pudiendo observar avances significativos en menor tiempo, gracias a todos los componentes trabajados de manera simultánea.

-¿Desde cuándo trabajas en esta área?
Mi historia con la hipoterapia surge a partir de la búsqueda de una terapia complementaria a la que realizaba con un pequeño con la condición de síndrome de Down y trastorno del espectro autista. Su abordaje era complejo y resultaba evidente la necesidad de incorporar nuevos elemento que facilitaran su proceso de desarrollo y aprendizaje. En esta búsqueda, encontré un centro de hipoterapia, se lo propuse a la madre y comencé a acompañar a este niño una vez por semana a las terapias. Durante ese periodo, el equipo (kinesióloga y educadora diferencial) se dio cuenta de que muchas de las actividades y estrategias que daban resultados estaban asociadas a orientaciones o ideas que les iba entregando durante este acompañamiento. Meses después me invitan a ser parte de su equipo de trabajo y así han pasado alrededor de tres años, donde se formó un equipo con kinesiólogos y fonoaudiólogos.

-¿Qué le dirías a tus alumnos respecto a esta estrategia terapéutica?
Creo que la terapia ocupacional da una enorme cantidad de posibilidades para explorar. Sin embargo, creo que en la actualidad se prioriza de manera importante por las estrategias más mecanizadas, sin parar a mirar a la persona que está frente a uno, sin preguntarse qué siente o qué espera de ese tratamiento. Siento que el espacio que se genera en una sesión de hipoterapia permite un vínculo mucho más honesto, más natural, en donde el trabajo efectivamente es colectivo. Esto genera una sensación de pertenencia que permite que los niños esperen ansiosos cada nueva sesión y que los padres, y familia disfruten de ser parte de ese proceso de manera comprometida. Es una bella y enriquecedora experiencia tanto en el ámbito laboral como personal.

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