El Mercurio | Filas por matrículas

Escrito por Macarena Villa

13 junio, 2017

Las extensas filas, esperas y tensos sorteos a los que deben someterse los apoderados para conseguir un cupo para sus hijos y así poder ingresar a un determinado establecimiento, a juicio de la decana de la Facultad de Educación UNAB, María Gabriela Huidobro, es sólo un anticipo de un problema que es necesario abordar y resolver con urgencia: la calidad de la educación escolar y su evidente disparidad. Lee aquí su carta Filas por matrículas, que hoy publica Diario El Mercurio.

EL MERCURIO - CARTA MGH - 13 junio

 

 

Filas por matrículas

Las recientes postulaciones, sorteos, esperas y filas de apoderados para aspirar a la admisión de sus hijos en algunos colegios, como el Salesianos, dan cuenta de que la calidad de la educación pública sigue siendo dispar y no ha recibido la atención prioritaria que requiere.

Los esfuerzos políticos de los últimos años se han orientado a modificar el sistema administrativo, en lugar de haber comenzado por corregir y fortalecer la calidad y los fundamentos educacionales del mismo. La Ley de Inclusión que acaba con la selección para dar a todos las mismas oportunidades de ingreso al sistema escolar ofrece un buen ejemplo, cuando propone que en el corto plazo la admisión se ordenará por la vía del sorteo.

Pese a haber una buena intención en ello, dado el sistema actual, a nadie le es indiferente a qué establecimiento ingrese su hijo. El sistema no se condice con la realidad sobre la que pretende aplicarse y podría terminar acercándose más a la dinámica de un bingo que a la de una repartición.

En el caso del bingo, el principio de la tómbola funciona, porque la idea es que algunos se vean favorecidos por el azar, mientras los demás se vean incentivados a comprar más cartones para aumentar sus posibilidades de ganar. Después de todo, es un juego. Pero la educación y el futuro de cada niño no lo son. La lógica del sorteo en Educación supone la idea de distribución, no la del premio, lo que solo funcionaría si todas las escuelas tuvieran una calidad similar. Y esa es la deuda que se mantiene. Corregir el sistema educacional público no implica solo redistribuir a quienes se formarán en él, sino garantizarles una calidad formativa, la que hasta hoy no ha sido objeto de verdadera atención y reforma.

María Gabriela HuidobroMaría Gabriela Huidobro

Decana Facultad de Educación

Universidad Andrés Bello