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La investigación, cuyas conclusiones abren la posibilidad a un re-análisis de muestras ya extraídas de una región centinela del cambio climático, fue encabezada por el profesor Francisco Fernandoy y publicada por la revista “The Cryosphere”.

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Tras ocho años de estudio y cinco campañas en el Continente Blanco, un equipo multidisciplinario de investigadores, liderados por el académico de Geología de U. Andrés Bello Viña del Mar, Francisco Fernandoy, encontró la respuesta a una las preguntas que más afligía al mundo científico: ¿cómo medir el cambio climático en una región centinela, pero que está cubierta de hielo?

Según el artículo publicado por la prestigiosa revista The Cryosphere, bajo el titulo “Nuevos conocimientos sobre el uso de isótopos estables de agua en la península Antártica septentrional como herramienta para los estudios climáticos regionales”, la investigación valida al hielo como un verdadero “termómetro” e indicador de condiciones ambientales pasadas, a través del análisis de una combinación de datos provenientes del estudio del nivel atómico del hielo, con mediciones meteorológicas.

Trabajo de campo

Durante los ocho años que duró la investigación, el equipo de científicos, a cargo de Fernandoy, extrajo más de 10 cilindros de hielo que se encontraban a veinte metros de profundidad, en un gradiente altitudinal que iba desde las cercanías de la base antártica chilena Bernardo O’Higgins, ubicada en la costa oeste de la península Antártica, hasta los 1130 metros sobre el nivel del mar en la meseta Plateau Laclavère.

Cada cilindro de hielo que iban extrayendo, fue conservado y transportado, primero a la base Escudero del Instituto Antártico Chileno en la Isla Rey Jorge y luego procesado en salas frías, especialmente acondicionadas en Viña del Mar. Hielo que, finalmente, se iba trasladando a los laboratorios de isótopos estables de la UNAB y del Alfred Wegener Institut en Alemania, lugar donde fueron sometido a análisis.

Tras estos procedimientos, se extrajo y procesó cada una de las capas de hielo estacionales que se correspondieran con los años 2008 a 2015, analizando más de cinco mil muestras de hielo con sus respectivas réplicas para total validez científica.

Tras esto último, la proporción isotópica de estas muestras de nieve y hielo, se comparó con los registros meteorológicos diarios y mensuales de presión a nivel del mar y precipitaciones, registradas en la estación rusa Bellingshausen, en la isla Rey Jorge, y en la base chilena Bernardo O’Higgins, en la costa oeste de la península Antártica, además de datos de humedad relativa del océano circundante, temperatura superficial del mar, cobertura de hielo marino y temperatura del aire obtenidos in situ y también en las bases de datos públicos, aportados por la comunidad científica internacional.

Conclusiones

El largo trabajo de campo y laboratorio realizado, el equipo confirmó que el hielo marino estacional es clave en la estabilidad térmica de la península Antártica y también que como señala el profesor Fernandois, “el Plateau Laclavère, en la península Antártica, es candidato para la futura extracción de un testigo de hielo de mayor profundidad, para leer el clima hasta cientos de años hacia atrás”.

Así, el grupo de investigadores no sólo logró aportar nuevos datos de la zona, sino que también caracterizar con extrema precisión un período de tiempo que, aunque breve a escala climática, sienta las bases para futuros estudios. Sin embargo, lo más interesante de este estudio es que abre la posibilidad de realizar un re-análisis de muestras ya extraídas de una región centinela del cambio global.

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