Ciencia y Tecnología

Comparando marcadores químicos de más de 5000 tiburones de 114 especies en todo el mundo con los del fitoplancton encontrado en los mismos lugares, científicos lograron determinar importantes diferencias geográficas en su alimentación. Los resultados, publicados en la revista Ecology & Evolution de Nature, podrían ayudar a revertir la alarmante disminución global que sufre este grupo de peces.

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En el mundo se conocen más de 500 especies de tiburones, siendo uno de los grupos animales más diversos pero al mismo tiempo más incomprendidos, ya que el conocimiento sobre sus hábitos y comportamientos es muy limitado. En las últimas décadas se han reportado importantes disminuciones de población en numerosas especies de tiburones, debido en gran parte a la captura accidental asociada a actividades pesqueras, la degradación del hábitat y el cambio climático.

Para encontrar maneras de protegerlos, es necesario saber cómo se desplazan por los océanos para alimentarse; sin embargo, rastrear tiburones a través del océano abierto es sumamente difícil. Por esta razón, un grupo de 73 científicos de 21 países, liderado por los investigadores Dr. Clive Trueman y Chris Bird de la Universidad de Southampton, determinó utilizar herramientas químicas -en este caso, isótopos de carbono– para seguir su pista. A través de la cadena alimenticia, los isótopos presentes naturalmente en el fitoplancton pasan a los tiburones, dejando un registro químico, una “huella” en sus tejidos según el lugar donde se alimentan.

“Si el animal se alimenta en el mismo lugar donde fue hallado, las señales de isótopos de carbono en el tiburón van a coincidir con el plancton”, explica el Dr. Sebastián Klarian, investigador del Centro de Investigación Marina Quintay (CIMARQ) de la Universidad Andrés Bello, el único chileno que participó en este estudio. “Sin embargo, si el tiburón ha realizado un desplazamiento significativo en relación a dónde se alimentó y dónde fue hallado, las señales serán diferentes”, señala.

Con ello en mente, los investigadores midieron isótopos en más de 5 mil tiburones de 114 especies de todo el mundo, para compararlos con los isótopos presentes en el plancton de los mismos lugares. Este análisis arrojó que los tiburones de aguas costeras y los tiburones oceánicos se desplazan y alimentan de manera muy diferente. Los primeros se alimentan localmente, cerca del lugar donde viven, con diferentes individuos especializados en diferentes hábitats. En tanto, los tiburones de aguas profundas obtienen la mayor parte de su alimento en zonas de latitudes medias (cercano a los trópicos), abundantes en plancton y en actividad pesquera.

Alcances de la investigación

“Los impactos de la disminución en las poblaciones de tiburones en el ecosistema permanecen inciertos; no obstante, es muy probable que existan consecuencias ecológicas a escala mundial, y pueden hacerse evidentes si los grupos de tiburones desempeñan funciones similares en diferentes regiones y tipos de hábitat”, dice el Dr. Klarian. En este sentido, los efectos a nivel local podrían escalar a amplias regiones geográficas.

En los sistemas marinos, el impacto de un individuo en el ecosistema está fuertemente influenciado por las interacciones tróficas o de alimentación. Por lo tanto, la composición y el origen espacial de la dieta desempeñan un papel fundamental en la configuración de las funciones ecológicas de los individuos, las especies y los grupos.

“La mayoría de los tiburones son considerados depredadores tope en los ecosistemas que habitan, y por lo tanto claves para la estructuración y función de aquellos sistemas. El desbalance energético en la cadena trófica es una consecuencia de la falta de este grupo de peces, y que trae desaparición de especies. Está demostrado que los grandes depredadores ayudan a mantener la salud de los ecosistemas, manteniendo su estabilidad y biodiversidad”, complementa Klarian.

En esta línea, la información recolectada como resultado de esta colaboración internacional tiene importantes implicancias en términos de preservación de especies y protección del medio ambiente. Estos datos pueden ayudar a diseñar mejores medidas de conservación para los tiburones en todo el mundo. Las aguas chilenas en particular, según explica el investigador de la UNAB, presentan 100 especies de tiburones, la mayoría de ellas también presentes en otras latitudes, como por ejemplo el tiburón blanco, el tiburón ballena o mantarrayas.

“Para ayudar a los tiburones y remediar su declive es necesario ampliar nuestra comprensión sobre ellos, y en ese sentido, los nuevos métodos como el rastreo satelital e isotópico son clave”, concluye el Dr. Klarian.

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