Ahora Cimarq-UNAB También Cultiva Cabrilla

Escrito por mjorda

19 octubre, 2009

Desde hace 16 años el Centro de Investigación Marina Quintay de nuestra Universidad desarrolla proyectos orientados a la producción en cautiverio y el repoblamiento de diversas especies endémicas.

Cabrillas02A los proyectos con erizo rojo, lenguado, congrio colorado y otras especies, el Centro de Investigación Marina Quintay agrega el cultivo en cautiverio de la Cabrilla, logro que se materializa por primera vez en Chile y en una Universidad.

El cultivo de la Sebastes oculatus, nombre científico de este pez, nace del marco del desarrollo de la tesis de Magíster del alumno de Ingeniería en Acuicultura Felipe Larrondo, con el cual se logró la captura, marcaje, sexaje, alimentación y acondicionamiento exitoso de 130 ejemplares de cabrilla. Estos ejemplares fueron marcados con “Pit Tag”,  unos pequeños microchips del porte de un grano de arroz, y deshabituados con alimento inerte en un plazo de dos semanas.

Cabrillas01Los ejemplares fueron mantenidos bajo condiciones controladas y a densidades superiores a 5kg/m3 adaptándose perfectamente al cautiverio. Esta adaptación se verificó a través de la liberación de larvas, las que fueron colectadas y cultivadas en el hatchery de peces marinos de Cimarq-UNAB. Durante un trimestre se realizaron una serie de pruebas que ha permitido contar con un protocolo básico de cultivo, alimentación y deshabituación de las mismas.

A juicio del investigador responsable Juan Manuel Estrada, la cabrilla tiene un gran potencial para ser cultivada intensivamente debido a que tiene importantes símiles en mercados asiáticos y del Hemisferio Norte, “donde alcanza precios superiores a US$10/kg. Por otro lado es reconocida la elevada calidad de su carne, en la que se conjugan una particular textura reconocida por chefs asiáticos e internacionales y una elevada biodisponibilidad proteica”.

Cabrillas04Entre las cualidades de esta especie destaca su carácter gregario, adaptabilidad al cautiverio y rápida aceptación del alimento inerte, además de una elevada fecundidad y reproducción ovovivípara que permite obtener larvas con ojos pigmentados y prontas a ser alimentadas con dietas vivas, siendo innecesario contar con una sala de incubación.

De esta forma, Juan Manuel Estrada señaló que a partir de la investigación y ensayos realizados “se cuenta con los antecedentes necesarios para formular un proyecto de mayor escala que permita desarrollar en un plazo de tres años una tecnología para el cultivo de juveniles de esta especie a escala piloto”.