Académico de Trabajo Social UNAB recibe premio en España por su tesis doctoral

Escrito por Valeria Aspillaga

24 marzo, 2016

Nelson Arellano obtuvo el segundo lugar de la VIII edición del concurso García Diego, que realiza la Fundación Juanelo Turriano de España, por su investigación sobre la ingeniería y el descarte artefactual de la desalación solar de agua.

Nelson Arellano

Reconocer el aporte que investigadores, a nivel internacional, realizan en el área de la historia de la tecnología, con especial atención sobre la hidráulica, es el objetivo del concurso internacional García Diego de la Fundación Juanelo Turriano, que debe su nombre al inventor que logró elevar agua usando energía hidráulica.

En la VIII edición del certamen, el académico de Trabajo Social de la Universidad Andrés Bello Sede Viña del Mar, Nelson Arellano, obtuvo el segundo lugar por su tesis doctoral “La ingeniería y el descarte artefactual de la desalación solar de agua. Las industrias de Las Salinas, Sierra Gorda y Oficina Domeyko (1872-1907)“.

“En ese periodo ocurría un fenómeno de competencia entre diferentes técnicas industriales de desalación de agua, una de las cuales tuvo excelentes resultados y una larga duración utilizando energía solar. Es un hecho relevante que esta tecnología haya sido difundida y utilizada en otros puntos del mismo desierto (de Atacama), publicándose contemporáneamente su existencia y resultados en Londres, Nueva York, Madrid y Santiago de Chile, a pesar de lo cual su difusión en otros lugares del mundo tuvo lugar recién a mediados del siglo XX”, explicó el académico.

Este premio, subrayó Arellano, significa “darle pie a una relectura de la evolución de las tecnologías, donde el sur global también debe ser reconocido en los aportes en innovación y sustentablidad, no sólo en el ahora-presente, sino desde temprano, en el siglo XIX. Con ello se abre la discusión acerca de las relaciones norte-sur y exige re-estudiar la transfrontera y las realidades múltiples en la historia de la tecnología y su incidencia en las culturas locales”.

En ese sentido, destacó que este es “el inicio de una nueva etapa en el reconocimiento de la relevancia de la historia de las tecnologías de la energía solar, las que no sólo han sido descartadas, sino negadas de la memoria y, con ello, el esfuerzo de muchas generaciones de investigadores, científicos, ingenieros y otros profesionales o entusiastas cuyas invenciones y convicciones han quedado en el silencio”.

Arellano agradeció el apoyo de su familia, amigos y de manera muy especial a su director de tesis, el Dr. Antoni Roca-Rosell, además de otras personas en Chile, España, Grecia, Estados Unidos e Inglaterra. Uno de ellos, dijo, fue el investigador Doctor Pablo Díaz Rodríguez, “amigo que reside en Madrid y que fue el encargado de presentar en la oficina de partes de la fundación mi postulación según las bases del concurso”, dijo.

Relevar la historia

La tesis doctoral de Arellano fue dirigida por el Doctor Antoni Roca-Rosell, académico de la Universidad Politécnica de Cataluña, y recibió una calificación Sobresaliente Cum Laude, además del Accésit Premio internacional García-Diego 2016.

Respecto al objetivo de su trabajo, precisó: “Interesa conocer aquí cómo el proceso pendular de Continuidad e Innovación, que afecta a la evolución de la tecnología, era intervenido por las fuerzas histórico-culturales de la selección técnica. Esta historia en particular, de la desalación del agua en Atacama, aporta un caso ejemplar para el análisis de los fenómenos de descarte artefactual y la duración intermitente de los objetos”.

A su juicio, “este estudio propone una descripción profunda del fenómeno a partir de la producción de datos obtenida de la revisión sistemática de archivos físicos y electrónicos de revistas de ingeniería de los siglos XIX y XX, de entrevistas a investigadores e investigadoras relevantes del área de la desalación solar, además del examen de archivos locales, con lo cual es posible establecer el acaecer en la historia de las desaladoras solares de Las Salinas, Sierra Gorda y Oficina Domeyko que, construidas entre 1872 y 1907 en el desierto de Atacama, fueron las primeras desaladoras solares de escala industrial del mundo. Con esto se espera contribuir a la comprensión del proceso general de evolución de la tecnología y su incidencia en el problema de la sostenibilidad o sustentabilidad”.